El 2012 fue un año muy disparejo en términos de crecimiento económico trimestral para la economía de Estados Unidos. No obstante, el crecimiento para el año completo tuvo un desempeño superior al del 2011 y ligeramente por arriba de las expectativas del mercado. El 2012 pasará a la historia como un año en el que la Reserva Federal decidió echar su resto, en términos de herramientas de política monetaria, para continuar apuntalando el crecimiento y el empleo.

A diferencia del 2011, cuando el ciclo productivo de la economía estadounidense sufrió disrupciones a causa del terremoto en Japón, los altibajos en el crecimiento económico trimestral del 2012 estuvieron más relacionados con la crisis de confianza provocada por la falta de acuerdos para atajar la situación en Europa durante el verano.

No obstante, a partir de la decisión del Banco Central Europeo de actuar como proveedor de liquidez ilimitada y el anuncio de la Fed de mayores estímulos monetarios en agosto, la confianza del consumidor empezó a repuntar y la actividad económica ha dado señales de una mayor capacidad de recuperación.

El pronóstico para el 2013 era uno difícil ante la incertidumbre que rodeaba las negociaciones sobre el precipicio fiscal. Aunque parte de la incertidumbre se ha eliminado con el acuerdo parcial de último minuto que eliminó de manera permanente las alzas en impuestos a las clases bajas y medias, la incertidumbre sobre el rumbo del gasto del gobierno y del déficit fiscal seguirá viva hasta el 1 de marzo.

Adicionalmente, la fecha fatal del 1 de marzo incluye la negociación impostergable del techo del nivel de endeudamiento. Si el Congreso no aprueba un incremento, Estados Unidos podría entrar en incumplimiento.

De acuerdo con una encuesta llevada a cabo por el Wall Street Journal, haber pospuesto el acuerdo integral hasta marzo tendrá un impacto negativo de 0.7% en el crecimiento del PIB. No obstante, en el escenario base de una resolución favorable, deberíamos observar un repunte en el crecimiento durante el 2013.

El consenso de expectativas anticipa que la economía estadounidense debería crecer 2.3% en el 2013 en comparación con 2.0% en el 2012. Sin embargo, el rango de expectativas va de un mínimo de 1.8% a un máximo de 3.4% entre los encuestados.

Para los más optimistas, el inesperado repunte en los niveles de empleo para cerrar el 2012, la recuperación del sector residencial y los avances en materia de extracción de gas natural barato constituyen un cambio de tendencia en el cuál la economía estadunidense finalmente podría entrar en un ciclo de recuperación más sustentable.

En lo que tanto pesimistas como optimistas coinciden es en que el ritmo de actividad económica debe repuntar de manera importante durante la segunda mitad del año a niveles promedio de 2.5 por ciento.

Las buenas noticias para la economía de EU vienen principalmente de cuatro factores clave: i) la recuperación del sector inmobiliario; ii) el desendeudamiento de los hogares; iii) la reducción en la tasa de desempleo, y iv) la naciente revolución energética del gas de esquisto (shale gas). Los primeros tres factores contribuyen directamente a impulsar el consumo privado, mientras que el cuarto factor es decisivo para reducir la dependencia energética de petróleo caro que hoy en día afecta a EU.

A pesar de estas buenas noticias, no podemos dejar de enfatizar que la recuperación económica en EU es, en cierta medida, artificialmente dependiente de las grandes cantidades de liquidez que la Fed ha venido inyectando. Ante la desaparición temporal de la inflación como un problema prioritario, la Fed no ha quitado el pie del acelerador en la impresión de dinero para financiar los grandes desequilibrios fiscales.

No obstante, el 2013 podría ser el principio de la era poscrisis para Estados Unidos y la economía global. Para que esto se dé, los actores políticos de EU deben llegar a un acuerdo multianual razonable para poner el déficit fiscal en una trayectoria sostenible.

La reducción del déficit fiscal como porcentaje del PIB debe ser prioridad, pero la historia de Estados Unidos nos dice que es mucho más fácil lograr esto mediante un crecimiento robusto del PIB que mediante medidas draconianas de reducción en el gasto.

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