Si los populistas latinoamericanos se lucen regalando despensas o tarjetas de subsidio a ciertos grupos, los populistas de Wall Street reparten dádivas aumentando la deuda o relajando la política monetaria.

Al final, unos de izquierda otros de derecha, pero todos estiran la liga financiera rondando en lo irracional para conseguir un efecto que genera a la postre consecuencias difíciles de controlar.

El discurso de ayer del Presidente de la Reserva Federal (Fed) estaría más adecuado para un demócrata en campaña que para el titular del banco central de una economía con un enorme problema fiscal y de deuda.

Es un hecho, y el mercado lo reclama, que Estados Unidos tiene que tomar determinaciones decisivas para reducir su déficit fiscal.

A nadie escapa la realidad de que el límite de la deuda fue ya alcanzado y que como solución se amplió temporalmente el techo del endeudamiento y ya se acerca el día que se volverá a alcanzar ese máximo sin que haya corrección alguna.

Y a ese atleta agotado y mal preparado, el doctor Presidente de la Fed le receta una sobredosis de anabólicos y esteroides para que siga aumentando artíficamente su musculatura.

Dicen los médicos que si bien la ingesta de esteroides provoca un crecimiento notable en la masa muscular, también provoca una disminución de los genitales. No sería nada bueno que en el futuro a Estados Unidos le falten valor y tiempo para corregir sus problemas fiscales.

En esa doble función que tiene la Reserva Federal de atender empleo e inflación controlada, hoy a Bernanke le gana su papel promotor de los trabajos. Y lo hace justo cuando en un proceso electoral el bienestar de los trabajadores fomenta la emisión de votos para los que gobiernan.

Justo el caso contrario de lo que sucedió en México durante las elecciones intermedias de esta administración. Con el proceso electoral cercano, el entonces Gobernador del Banco de México exageró las medidas antiinflacionarias y mantuvo las tasas de interés en niveles absurdamente altos. Esto frenó la economía y de paso las intenciones presidenciales de construir mayoría en el congreso. Guillermo Ortiz se fue del banco central.

En Estados Unidos, la decisión de Alan Greenspan de elevar las tasas de interés muy rápido cuando notó presiones inflacionarias es visto como una de las causas que desataron la gran recesión de hace cuatro años.

Ahora, más allá de averiguar si hay trasfondo electoral en el camino trazado por Bernanke, lo cierto es que este adelanto de que viene un tercer plan de liquidez alborotó a los mercados que ya sintieron el olor de la sangre fresca del dinero recién impreso en esa imparable fábrica de dólares.

Ésta es la manera del Presidente de la Reserva Federal de contestar una pregunta que hacíamos aquí hace algunos días con respecto a la viabilidad de mantener el plan de tasas bajas durante los próximos dos años. La respuesta es sí, el banco central apuesta por dinero barato por mucho tiempo más.

La posición heterodoxa del titular de la Reserva Federal de Estados Unidos apuesta a que no será permanente el incremento en los precios de las gasolinas y que no aparecerán presiones en los precios por el lado de la demanda.

El pretexto para la asistencia artificial es que a pesar de que se ha recuperado de forma notable el empleo, al pasar la tasa de desocupación de 9 a 8.3%, puede la economía no tener la fortaleza suficiente como para mantener esa recuperación.

Y de paso, el banquero central le da un raspón al Congreso diciendo que también hacen falta cambios estructurales para mantener mejores tasas de crecimiento.

Esto es además una forma de curarse en salud en caso de que la simple permanencia de tasas bajas o de programas de liquidez no sean suficientes para reactivar con más vigor la economía.

Total que Ben Bernanke le da un empujón político a Obama con esta determinación, que anima al mercado a vivir la euforia de la droga de liquidez que pretende ayudar a la reactivación económica.

Ahora sí es factible esperar que durante la siguiente reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed se determine presentar un nuevo plan de liquidez para mover los motores económicos.