En el radar de riesgos, la situación de la economía China ocupa un lugar preeminente. El lunes, Wen Jiabao, primer ministro de China, decepcionó a los mercados de riesgos al anticipar que la economía crecerá sólo 7.5% este año, y 7% en promedio durante los próximos cinco años. No tardaron en reaparecer los eternos pesimistas anunciando que China es la próxima parada de la crisis económica y financiera que inició en EU y que ahora tiene a la eurozona al borde del colapso. En esta visión, todo marcha mal en ese país.

Se trata de una visión ignorante, nadie informado puede esperar que la economía continúe creciendo a una tasa promedio de 10% como lo ha hecho desde 1978, cuando inició la reforma económica. La economía China, como antes ocurrió en Japón, Corea y Taiwán y en todo el mundo, reducirá su ritmo de crecimiento mientras aumenta el producto per cápita. El milagro chino es producto de varios factores: oferta elástica de trabajo en el periodo inicial, alta tasa de ahorro, creación de nuevas empresas que compiten agresivamente en los mercados de exportación, absorción de tecnología por medio de la inversión extranjera y gestión prudente y muy competente de los equilibrios macroeconómicos.

El resultado es un boom de inversiones y de ganancias de productividad del trabajo y de la productividad total de los factores. La primera ola de ganancias de productividad todavía en marcha es producto de mover a los trabajadores de ocupaciones de muy baja productividad en la agricultura hacia las manufacturas y los servicios en las ciudades. Se estima que apenas el año pasado la proporción de población urbana ha rebasado a la del campo, China continuará beneficiándose de esta situación al menos durante una década, aunque a un ritmo menor que antes. Una segunda ola de ganancias se basa en la modernización del aparato productivo y la formación de capital humano.

La economía China se ha trasformado radicalmente durante los últimos 35 años. En 1980, su PIB era apenas 248,000 millones de dólares a poder de paridad de compra, según el FMI, 2.2% del PIB mundial, su producto per cápita era sólo 251 dólares con una población de 987 millones. En el 2011, China se había convertido en la segunda economía del mundo, el mayor exportador, con un PIB de 7 trillones de dólares a precios de mercados, 11.3 trillones ajustado por poder de compra, 14.4% de PIB mundial. En comparación con EU, la economía China representa 46.4% a precios de mercado y 75.1% cuando se ajusta por poder de compra. El FMI estima que en el 2016 el PIB será ligeramente superior al de EU. Sin embargo, la convergencia de China en términos de producto per cápita a los niveles de los países desarrollados está lejos de concluir. En el 2011, el producto per cápita ajustado de China era apenas 17.4% del estadounidense y será 24.3% en el 2016. En el caso de las economías de Japón, Corea y Taiwán, la tasa de crecimiento se ubicó entre 5 y 7% a estos niveles de renta per cápita relativa.

Será cada vez más difícil mantener un ritmo elevado de crecimiento, el reto de China será evitar caer en la llamada trampa de ingresos medios , una tendencia a que la tasa de crecimiento caiga dramáticamente cuando el producto per cápita de los países se acerca a los 10,000 dólares, como sucedió a Latinoamérica en los 80. China no está libre de problemas, posee un ineficiente sector paraestatal que financian con poca transparencia los bancos y comienza a enfrentar problemas de distribución de los ingresos, pero no está al borde del colapso.

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