El pasado 14 de septiembre la Comisión de Lancet COVID-19 hizo pública su declaración con motivo de la 75a sesión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31927-9/fulltext). Esta comisión fue creada el 9 de Julio de 2020 con el propósito de contribuir, desde la plataforma que ofrece la revista Lancet, a acelerar acciones a nivel mundial para contener la pandemia de manera rápida y decisiva. En un texto de 23 cuartillas y 149 referencias bibliográficas, la comisión propone a los asistentes a la Asamblea General de Naciones Unidas diez acciones prioritarias que ameritan discutirse con mucho cuidado y calma. Destaco cuatro dimensiones que la comisión propone parametrizar y dar seguimiento trimestral: a) la supresión de la pandemia a través de Intervenciones no farmacológicas; b) transparencia en el desarrollo de vacunas y terapias seguras y eficaces; c) respuesta y acceso a los sistemas de salud; y d) transformaciones sociales sostenibles y equitativas -incluidos efectos sobre equidad, mercados laborales, empleo y emisiones de gases de efecto invernadero- entre otros aspectos ambientales.

El documento les deja muy claro a las autoridades de las naciones que la epidemia de COVID-19 puede y debe ser contenida mediante intervenciones no farmacéuticas, “…incluidos servicios de salud comunitarios eficaces, que reduzcan la transmisión del virus, así como la introducción de vacunas eficaces y seguras tan rápido como lo permita la ciencia… en este sentido el mensaje que dejan es enfático …los países no deben depender de la inmunidad colectiva por contagio natural para contener la epidemia…”

Hasta ahora no se sabe si los anticuerpos generarán inmunidad colectiva, ni tampoco ¿cuál es la proporción de infectados que evitara el riesgo de la propagación del SARS-COV-2? Algunos modelos matemáticos han establecido que cuando 40 o 60% de la población esté infectada, se alcanzará el umbral de la inmunidad colectiva necesaria que evitaría la propagación del virus. El costo, en términos de vidas humanas para alcanzar esa cifra, es muy alto. Por ejemplo, las estimaciones del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud establecen que al día de hoy la cantidad de infectados en México representa 19.5% de la población del país alcanzando 74 mil defunciones para el 20 de septiembre. Según estas proyecciones si se avanza con mayor relajación de las medidas de contención y mitigación de la epidemia, a finales de año se llegaría a 159 mil muertes por COVID-19 acumulando 56 millones de personas infectadas, es decir 44% de la población. Para llegar 60% de casos infectados, las estimaciones indican que se acumularían 219 mil defunciones y casi 77 millones de personas infectadas http://www.healthdata.org/sites/default/files/files/Projects/COVID/briefing_Mexico_09182020.pdf .

Es claro que mientras no existan vacunas que puedan proteger a las personas y generar la inmunidad de grupo, las autoridades sanitarias deberán seguir tratando de controlar la propagación del virus a nivel local a través de medidas de salud pública y acción comunitaria (intervenciones no farmacológicas), para proteger a las personas más vulnerables. Es evidente que muchos gobiernos, incluyendo el de México están implementando acciones no farmacológicas recomendadas por la Comisión de Lancet (ver cuadro 1) y que no está por demás revisarlas y actualizarlas a la luz de la evidencia acumulada. Por ejemplo, cambiar que la partícula viral viaja menos de dos metros de distancia y permanece activa más de 30 minutos, cuando se tose o incluso cuando se habla. Estos hechos son relevantes para espacios cerrados o mal ventilados.

En materia de uso y producción de información y datos, la declaración no tiene desperdicio. Dado que es la primera epidemia en la era digital, se dificulta mucho el acceso a información confiable de fuentes legítimas. Hay que enfrentar la exuberancia de datos proveniente de las redes sociales, en gran medida responsables de la “Infodemia” que ha transformado en una amenaza creciente a las acciones no farmacológicas que los gobiernos han emprendido desde que inició la pandemia. Además, los comisionados expresan sus preocupaciones por los obstáculos que produce la inadecuada medición de los componentes clave para el control de la epidemia. “… los reportes sobre casos, muertes, pruebas diagnósticas y tasa promedio de contagio (R) están plagados de errores de medición y por los mismo son insuficientes para el control de la epidemia… comparaciones de datos de pruebas diagnósticas y de las encuestas de anticuerpos muestran que la mayoría de los casos de COVID-19, y en particular los casos que son asintomáticos o leves, están sub-registrados y/o sub-notificados…” y añaden que son pocos los países que están reportando regularmente la mortalidad en exceso asociada directa o indirectamente al COVID-19.

Para orientar las baterías a las intervenciones no farmacológicas, los comisionados reiteran que los países mejoren sus fuentes de datos (actividad esencial de salud pública) y que esto lo hagan apegados a las mediciones basadas en el conocimiento epidemiológico de la epidemia; insisten en la realización de más pruebas y de encuestas serológicas. Así como hacer exhaustiva la recolección y análisis de parámetros de comportamiento como el uso de mascarillas, distanciamiento físico, rastreo de contactos, aislamiento y cuarentena, así como otros datos relevantes relacionados con la apertura de la economía.

No hay que perder de vista que estas recomendaciones provienen de la sociedad civil para que los gobiernos las analicen y las apliquen si las consideran pertinentes. No están escritas en piedra y tampoco son mandatos a seguir al pie de la letra. Los estados miembros de la ONU son libres y soberanos y podrán tomar lo que mejor convenga a los intereses de los ciudadanos que gobiernan. Pero al mismo tiempo, este grupo de académicos y políticos de diversas partes del mundo, reconoce públicamente las fallas de liderazgo en algunos países y los aciertos alcanzados por otras autoridades sanitarias de países de ingresos medios. En síntesis, es una invitación a repensar el papel que la Salud Pública y fortalecer su función de ariete en el control de la epidemia, de ahí la metáfora del rebrote. 

Más allá de normalizar las pérdidas de vidas ocasionadas por la pandemia, el texto reconoce que …se necesita una evaluación oportuna sobre las crisis humanitarias y de hambre que se avecinan; sobre las acciones financieras requeridas para mejorar la respuesta sanitaria y la recuperación económica; pero sobre todo, … cuáles serán los arreglos institucionales y financieros dentro del sistema de Naciones Unidas para mitigar los riesgos relacionados con la salud, el clima y la economía; el futuro de la educación y el trabajo, en un mundo post-COVID-19…

*El autor es profesor de la Universidad de Washington.

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