Es oportuno hacer un merecido reconocimiento a todos los atletas mexicanos que de manera digna han representado a nuestro país en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Las olimpiadas van más allá del deporte, son un termómetro de lo que pasa en el mundo en materia de competencia en toda la extensión de la palabra.

¿Cuántas medallas ganaremos en esta ocasión? Nos preguntamos en cada olimpiada. A simple vista, parecería que el medallero sólo muestra el resultado de una competencia deportiva, pero en efecto es reflejo de una realidad mucho más compleja.

No es casualidad que Estados Unidos y China se disputen el primer lugar con más de 60 medallas, seguidos por Reino Unido, Corea del Sur, Francia y Rusia. ¿En qué posición está México? ¿Qué tan preparados estamos para competir frente al mundo en cualquier área, no sólo en el deporte? ¿Realmente queremos hacerlo?

En un mundo cada día más dinámico, complejo y altamente competitivo, no podemos darnos el lujo de seguir siendo espectadores y creer que los primeros lugares están reservados para las mismas naciones de siempre. Los mexicanos tenemos que creernos absolutamente capaces de estar entre los mejores.

Hay talento y potencial para ser campeones.

El primer paso es tener claro qué queremos lograr, creernos capaces de lograrlo, definir una estrategia muy clara para avanzar hacia esa meta y prepararnos con gran disciplina y perseverancia. Si aspiramos a ser los mejores, tenemos que invertir el tiempo y los recursos necesarios para lograrlo. El mundo está avanzando a una velocidad que no alcanzamos y no podemos pecar de ingenuidad creyendo que nos esperará o conformándonos con lo que ya tenemos.

Más allá de las medallas que se lleve México en estos Juegos Olímpicos, valdrá la pena que aprovechemos esta oportunidad para hacer un alto en el camino y preguntarnos si realmente estamos satisfechos con los resultados obtenidos. Estamos ante un gran momento para replantear nuestra decisión de entrarle a la dinámica de competencia global o permanecer en un círculo de aparente confort en el que la complacencia se convierte en nuestro mayor obstáculo.

Al ver con tanto orgullo a los campeones olímpicos cantar sus himnos y portar sus medallas, comprobamos que la disciplina, la preparación y la actitud siempre positiva pagan. ¿Estamos dispuestos a asumir el costo? Quiero creer que sí. Realmente valdrá la pena.

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