La decisión tomada por el Banco Central Europeo (BCE) a principios de este año para actuar como proveedor crítico de liquidez de última instancia a países y bancos europeos por un plazo que en principio podría durar hasta el 2013 ha representado un gran alivio para los mercados.

Como hemos mencionado en este espacio, la decisión compra tiempo precioso para que los países y bancos europeos puedan buscar una mejoría en sus condiciones fundamentales y lograr refinanciamientos por sí solos en el futuro. Sin embargo, los retos fundamentales de la Unión Europea prevalecen.

El reto principal se encuentra en economías como España e Italia, que por su tamaño representan una posible fuente de turbulencia mucho mayor a las observadas hasta ahora.

El caso de España es quizás el más preocupante. Aunque el gobierno español argumenta que sus fundamentos macroeconómicos son sólidos y que los ajustes requeridos para reducir su déficit fiscal son manejables, España enfrenta un reto descomunal en varios frentes.

El gobierno y los bancos españoles deberán refinanciar cerca de 1.5 billones –sí, 1.5 millones de millones– de euros durante los próximos 12 meses. España deberá hacer esto mientras atraviesa una recesión multianual, el nivel de apalancamiento privado más alto de la OCDE y la tasa de desempleo más alta en el mundo.

España se encuentra en la cola de la OCDE, o muy cerca de ella, en varios indicadores económicos clave. El desempleo en España ha alcanzado un nuevo máximo histórico de casi 5 millones de personas, equivalente a 24% de la población en edad de trabajar.

Adicionalmente, más de la mitad de la población en edad de trabajar, pero menor de 25 años de edad, no tiene empleo. La razón de deuda a PIB se incrementará de 69% en el 2011 a casi 80% en el 2012 –esto de acuerdo con los estimados gubernamentales, muy por arriba del objetivo de 60% fijado por la Unión Europea.

El sector inmobiliario español se encuentra en una depresión que ha arrastrado al sistema financiero, donde la concentración en bienes raíces es de las más altas del mundo.

Por otro lado, los niveles de productividad laboral en España son casi los peores, sólo delante de Italia, en la OCDE. Esto es provocado por un marco laboral sumamente rígido –el más rígido de Europa de acuerdo con el Banco Mundial.

Esta situación ha provocado que España sea de los países más dependientes del mundo en el financiamiento externo y, en ausencia de este, del financiamiento otorgado por el BCE para mantener vivo a su sistema financiero y sus finanzas públicas.

Para que España pueda alcanzar una trayectoria sostenible en sus finanzas públicas, debe obtener financiamiento en condiciones muy favorables –léase tasas muy bajas–, de lo contrario nunca podrá lograr una trayectoria descendente en sus niveles de apalancamiento.

España no ha sido capaz de obtener tasas bajas en los mercados internacionales de deuda y se ha vuelto cada vez más dependiente del financiamiento otorgado bajo el amparo del BCE.

Sin embargo, el acceso a esta fuente de financiamiento está sujeto a que España alcance ciertas metas fiscales, cuyo cumplimiento es monitoreado mensualmente.

Como resume elocuentemente Michael Cembalest, estratega de la banca privada de JP Morgan: España tiene dos opciones, cumplir con sus metas fiscales mensuales y mantener el acceso al fondeo del BCE y los mercados o incumplir sus metas y perder acceso al fondeo del BCE y los mercados, siendo obligada a recurrir al EFSF/ESM –el fondo de estabilización financiera y el Mecanismo de Estabilidad Europeo.

Recordemos que este fondo fue ampliado para hacer frente a posibles problemas en economías de mayor tamaño, concretamente España e Italia.

Sin el apoyo del BCE y la UE, España estaría al borde del incumplimiento en sus obligaciones financieras.