La huelga general acerca a España y Grecia, pero la aleja de Alemania; ejecutar los recortes, tal y como los exige Bruselas, es un suicidio, advierten expertos.

La lluvia está de regreso en España. Se terminaron los días con buen tiempo que acompañaron los primeros momentos de la Presidencia de Mariano Rajoy. Los mercados están castigando las acciones en la Bolsa de Madrid y la deuda española ya ha rebasado a la italiana por la prima de riesgo que paga.

Esta semana, Rajoy presentará su plan de recortes al gasto público y los sindicatos escenificarán la primera huelga general contra los planes de gobierno. No hay gana-gana posible, sino todo lo contrario.

La huelga general acerca a España y Grecia y la aleja de Alemania, dice el presidente de la Asociación Española de Banca, Miguel Martín. Ejecutar los recortes, tal y como los exige Bruselas, es un suicidio, advierte Luis Garicano, académico español de la London School of Economics.

Sería absurdo no protestar contra la implementación de una serie de medidas que implican sacrificar algunas de las conquistas sociales más importantes, explica Cándido Méndez, líder sindical histórico. Imposible dejar las cosas como están, el país necesita una fuerte sacudida, contesta Mariano Rajoy.

El Presidente de gobierno ha cumplido 100 días en su cargo. El fin de la luna de miel con los mercados es preocupante porque, hasta ahora, ha dedicado una buena parte de su administración a mandar mensajes a los inversionistas. Su iniciativa de reforma laboral dejó en claro que está dispuesto a tomar decisiones duras e impopulares. Le ganó el respeto de los mercados más o menos en la misma proporción que le costó el rechazo de los trabajadores sindicalizados.

Toca el turno a la propuesta fiscal. El riesgo aquí es que la lista de los afectados va mucho más allá de los sindicatos y los beneficios son una abstracción: ellos contienen la promesa de la recuperación. El desafío es enorme. Equivale a entrar al quirófano en una operación de alto riesgo.

El problema para el gobierno de Rajoy es que no ha podido cuadrar un plan de recortes del gasto público que sea creíble para la Unión Europea y ejecutable en el plano interno. España tiene un déficit fiscal de 8.1% del PIB y ofrece reducirlo en una primera fase a 5.3 por ciento. Para Bruselas y los mercados, esta baja es insuficiente, mientras que los españoles consideran que es excesivo. La implementación de un plan de recortes equivalentes a casi 3 puntos del PIB profundizará la depresión económica, pues significa recortar el gasto entre 53,000 y 60,000 millones de euros.

La semana comenzó con el triunfo del partido del Presidente en Andalucía y continuó con la presentación del informe del Banco de España sobre el comportamiento de la economía española en enero. El avance del Partido Popular en una región que tiene 30% de desempleo enfatiza el apoyo al Presidente en las zonas más golpeadas por la crisis. El informe del banco central recuerda la gravedad de la situación: la economía española está oficialmente en recesión y continúa la destrucción de empleo, sobre todo para aquellos con ingresos en la zona media y baja.

España vive una semana crucial. Mariano Rajoy tiene el reto de presentar un plan fiscal digno de los mejores tecnócratas y, casi al mismo tiempo, afrontar el desafío político de la huelga general como un gran estadista. ¿Podrá con las dos tareas? Europa necesita que así sea. No puede permitir que España se convierta en una herida que no cicatriza.

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