Frente contra la delincuencia. La ausencia de políticas públicas interinstitucionales efectivas para prevenir y enfrentar la delincuencia, indican que el programa Escudo Centro , propuesto por Miguel Ángel Mancera desde el inicio de su gobierno para blindar la capital de la república y los estados circunvecinos, debe implementarse y ponerse en práctica cuanto antes, mediante acuerdos, protocolos y principios claros.

Será necesario articular la voluntad y el consenso de los gobiernos de los estados de México, Guerrero, Hidalgo, Puebla, Querétaro, Tlaxcala, Morelos y el Distrito Federal, para allanar el acuerdo, ponderar los objetivos y lograr el blindaje. Lo fundamental será caminar en la ruta de las coincidencias para tomar decisiones y homologar las capacidades legislativas, técnicas, científicas y operativas de dichas entidades de la zona centro de México, en materias de justicia penal y seguridad.

Politizar el tema no ayuda ni permitirá avanzar. Por el contrario, puede viciar y enredar el proceso. La estrategia propuesta por el Jefe de Gobierno de la ciudad está siendo aprovechada por algunos actores políticos para ganar notoriedad mediática, so pretexto de una supuesta urgencia, cuyo resultado práctico pudiera devenir más en un punto de ebullición, que en un punto de acuerdo, perdiendo de vista la prioridad: blindar y consolidar el orden social y las libertades ciudadanas.

Escudo Centro es determinante para mejorar, coordinar y ampliar los sistemas de interacción gubernamentales para poner en marcha una nueva política criminal, con visión metropolitana, acorde con el espíritu constitucional y los derechos humanos, donde la prioridad no sea declarar la guerra, sino desplegar estrategias inteligentes conjuntas y eficaces.

Fronteras no deben ser obstáculos. La primera barrera del escudo estratégico será superar las fronteras legales de territorialidad, que facilitan el tráfico, desplazamiento y operación de bandas criminales. Las instituciones y leyes de los gobiernos para combatir al crimen presentan diferencias, aprovechables por la delincuencia; además de la escasa información -actualizada y sistematizada- de algunas corporaciones policiacas y procuradurías, confusión en competencias y jurisdicciones, falta de protocolos de actuación conjunta, deficiente comunicación y dispersión de órdenes de los mandos.

Resulta impostergable el consenso. Escudo Centro puede ser la punta de flecha para lograr la unificación legislativa para la atención de víctimas, la homologación de ciertos delitos prioritarios acorde con la política criminal del Sistema Nacional de Seguridad Pública y acciones concretas para beneficio social. La propuesta implicará un profundo, pero necesario, trabajo de armonización, sistematización y simplificación jurídica.

Escudo Centro es una buena oportunidad para consolidar la prevención del delito y la cultura de la legalidad en el rediseño de las Procuradurías Generales de Justicia y Secretarías de Seguridad Pública.

La impunidad debe ser erradicada. Karl Mittermaier, desde el siglo XIX, señaló que era necesario inspirar miedo saludable a todos los enemigos del orden público . Algunas herramientas para ello serán compartir coordinadamente información confiable, investigaciones científicas de los hechos, la detención oportuna de los culpables, su debido y justo procesamiento penal y la anhelada reinserción social de los delincuentes.

Responsabilidad compartida. Estamos ante una extraordinaria posibilidad histórica. Los gobiernos estatales circunvecinos de la Ciudad de México deben asumir con seriedad la propuesta y coadyuvar al blindaje del Escudo Centro. La convocatoria de Mancera a cerrarle el paso a la delincuencia no es cosa menor, los delitos crecen y se multiplican cuando la acción de la justicia es inoperante y tardía.

Politizar el tema no es saludable. Los involucrados deben erradicar cualquier postura que regatee injustificadamente el apoyo a la estrategia, sabedores de que está de por medio la seguridad y protección de los habitantes de las regiones centrales de México, sin distinción alguna, incluso de los mismos gobernantes.