Se ha dicho de muchas maneras y por muchos compañeros de opinión, pero el presidente López, sencillamente no puede verlo o aceptarlo. Decir cosas en público y para él, no puede considerarse un juicio, es una manera distinta de ver un problema, nada más.

Lo que se dice, no responde de manera genérica al propósito de declararle la guerra, ser un opositor, un zopilote o un adversario. Es el ejercicio del pensamiento colectivo al que él debe concederle un espacio, si es que AMLO, que preside la federación, acepta que no la domina.

Pero la realidad para él, es la de él, sus convicciones y sus razones. Ni debatidas, ni discutidas. Sólo sus razones. Lo más lamentable, es que mientras más opiniones hay contrarias a su gobierno, él cree que más razón tiene.

Si se oponen, es que tengo razón proclama a los cuatro vientos. Ese es el pensamiento de un necio, de lo que también se ufana. Yo soy necio, porque tengo razón y mientras más me critican, más necio soy, porque ser necio prueba que tengo razón. Así de fácil. Así de trágico.

Por ello, llama la atención en la semana que terminó, que el presidente López Obrador, en la mañanera del jueves pasado dijera dos cosas. La primera, que finalmente le había pedido a López Gatell, que le dijera que iba a pasar ¿a dónde íbamos? ¿qué iba a pasar? Después de dos meses, por fin tiene oídos para Gatell y por primera vez tiene tiempo para escuchar dadas las circunstancias, una idea de futuro. La cuestión es lamentable. El estilo personal de gobernar tiene costos y tardanzas que van a costar miles de vidas. Así es la política y así las decisiones del presidente. Él habrá de correr con la loza de su responsabilidad por ellas.

Pero también tiene un desliz. Dice: “somos, desde el gobierno de Madero, el gobierno más criticado de la historia” y lo dice como un triunfo, como un sacrificio, como si el no tuviera nada que ver con esa crítica. “Nos critican porque no están de acuerdo con nosotros”. Y, eso, es lo que llama la atención.

Haber ganado con el 30% del electorado registrado, no lo convierte en incontrovertible. Tener una aprobación del 47%, no le da la razón. Tener las herramientas que proporciona el poder y el ejercicio del Ejecutivo, no es una carta blanca sin observación. Pero eso, que él dice defender respecto de su honestidad y su sentido de Estado, se desmorona, cuando vemos el ejercicio cotidiano de su mandato.

El asunto es irrisorio. Cuando dice que no se generará censura o represión, no está diciendo nada nuevo. Está garantizado por las leyes y por las organizaciones dedicadas a ello.

Cuando se ufana de que no habrá represalias uno se pregunta ¿y, porque habría de haberlas? Cada uno está ejerciendo su derecho. Dicho de otra manera: nos otorga derechos y nos da permisos que existen y que él estaría obligado a defender y salvaguardar. Lo que es muy extraño, es que el crea que nos los da como una dadiva, como una concesión o como un regalo.

Se equivoca faltamente. Él no nos da nada. No puede darnos nada que no este escrito, ni puede darnos nada que no esté regulado. Su tragedia, es que quisiera darnos cosas por su voluntad, y eso ya no es posible. Sólo puede dar lo que ya se ha otorgado o reconocido. Lo demás es que acate la ley y se atenga a las consecuencias.

Lo demás es algo que no le hemos pedido. Es sólo acatar la ley y ceñirse a sus labores. Sin embargo, no puede, cree que él debe ser el nuevo mesías que nos tolera, frente a sus equívocos o el redentor de nuestros derechos, que nos hemos ganado y todos, no por su generosidad, sino porque así están expresados en una lucha que comenzó muchos siglos antes que él naciera, pero tampoco lo sabe.

Si de darle las gracias se trata, que me las dé por tolerar sus necedades. Lo demás ya está escrito, regulado, en la ley, ya lo hemos logrado y no necesito que él me lo regale. En todo caso, y para eso juró defender la constitución, es que defienda lo que ya tenemos, no lo que nos quisiera dar. Lo que nos quiera dar, que se someta a la ley, a las posibilidades económicas y a las posibilidades reales del Estado. Lo demás es un engaño y una puerilidad. Ese es el estado del mundo y de su circunstancia. Que no la quiera ver, es su problema, no el nuestro.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.