La respuesta del gobierno federal ha sido por demás marginal, que sólo asciende a 1% del Producto Interno Bruto y que no atenuará el impacto sobre la actividad económica.

Previo al impacto de la pandemia a finales de marzo, la economía mexicana ya había experimentado cuatro trimestres consecutivos de reducción del Producto Interno Bruto. Así, después de que en el primer trimestre del 2019 el crecimiento trimestral anualizado (con cifras ajustadas por estacionalidad) fue de sólo 0.64%; a partir del segundo trimestre, la economía se ha contraído y a tasas cada vez mayores. Las tasas trimestrales anualizadas en los otros tres trimestres del año pasado fueron: 2T: -0.64%, 3T: -0.88% y 4T: -2.30% y la caída durante el primer trimestre de este año fue de 5.05 por ciento. Estas cifras contradicen al presidente, quien señaló que antes de la pandemia “íbamos bien”. Claramente no íbamos bien; por el contrario, íbamos cada vez peor.

En este escenario de marcada y creciente debilidad de la economía, es que se empezó a sentir con fuerza el efecto de la pandemia derivado del aislamiento de la población y el paro casi total de una parte significativa de la economía, particularmente el sector formal en la industria manufacturera y en los servicios. La respuesta del gobierno federal ha sido por demás marginal con apoyos de diversos tipos (microcréditos, adelanto de transferencias), que sólo ascienden a 1% del Producto Interno Bruto y que no atenuarán el impacto sobre la actividad económica. Una manifestación de la profundidad de la reducción de la actividad económica es que, durante abril, 555,000 trabajadores en el sector formal privado (asegurados en el Instituto Mexicano del Seguro Social) perdieron su empleo.

Las previsiones de crecimiento para la economía mexicana para este año, en un escenario de muy elevada incertidumbre, varían significativamente. Así, mientras el Fondo Monetario Internacional anticipa una reducción de 6.6% del Producto Interno Bruto, Citibanamex proyecta una de 9% y Bank of America una de 10 por ciento.

Por su parte, el Banco de México, en su informe trimestral dado a conocer la semana pasada, plantea tres escenarios de crecimiento en función de la evolución de la pandemia y el aislamiento de la población (y su efecto sobre la reanudación de las actividades productivas), del impacto que pudiesen tener las medidas de apoyo fiscal y financiero y de la recuperación de la actividad económica en el resto del mundo, particularmente la estadounidense y de la calificación de las deudas soberana y de Pemex.

En el primer escenario en forma de V, el mayor impacto se daría durante el segundo trimestre seguido de una rápida recuperación, cayendo el Producto Interno Bruto durante este año en 4.6% y una expansión de 4% en el 2021. El segundo escenario, una V profunda, el impacto negativo sería mayor y por más tiempo; en éste se prevé una caída del Producto Interno Bruto este año de 8.8%, seguida de una expansión de 4.1% el próximo. Finalmente, en el tercer escenario en forma de U profunda, se prevé una caída este año de 8.3% y una reducción adicional de 0.5% el próximo.

Como apunta el propio Banco de México en el informe, para lograr una recuperación más rápida de la economía, habiéndose resuelto la emergencia sanitaria, además de tener fundamentos macroeconómicos sólidos con baja y estabilidad del sistema financiero, “también es preciso corregir los problemas estructurales e institucionales que han propiciado bajos niveles de inversión y que han impedido al país aumentar su productividad”. Y prosigue, “es indispensable encaminar políticas que fortalezcan el estado de derecho, que combatan la inseguridad, la corrupción y la impunidad y que garanticen la certeza jurídica, el cumplimiento del marco legal y el respeto a los derechos de propiedad”.

Esto último es crucial porque de no acatar el gobierno estos señalamientos, lo que tendríamos es el escenario de U o peor aún, una L con un largo tramo horizontal.

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Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.