En el primer semestre del 2019, el contexto global y local de la economía ha dado algunos giros inesperados, por eso es importante entender qué ha sucedido y cuáles son algunos de los riesgos que presenta la economía del país para la segunda mitad del año.

Se puede comenzar asimilando que los estimados de crecimiento global se han ajustado a la baja. El Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó sus estimados de crecimiento global para el 2019 de 3.5 a 3.3% en abril. Los estimados de crecimiento para Estados Unidos también han caído y mientras el debate al inicio de año era el número de alzas de tasas por parte de la Fed, el mercado ahora descuenta el alza de tasas y se cree que se verán forzados a bajarlas este año. Esto es importante porque ahora los diferenciales de tasas entre Estados Unidos y México se encuentran muy elevados y la prima de riesgo implícita en los bonos soberanos es muy alta.

En México, las expectativas de crecimiento también han sido ajustadas a la baja. El Banxico considera que México podría crecer sólo 0.8% en el 2019, lo cual sería el crecimiento más bajo en una década. Sin embargo, los riesgos de una recesión en la economía parecen no convencer a la junta de gobierno para recortar la tasa de referencia, la cual se encuentra en niveles muy elevados comparados con otras economías emergentes similares. En los últimos comunicados han mostrado preocupación por factores externos y por la inflación subyacente que no cede y se mantiene aún por arriba de su objetivo de 3.0 por ciento.

Además, las noticias de las calificadoras que han recortado la calificación de la deuda soberana del país, ponen más presión sobre la administración actual. En sus reportes, las calificadoras hacen referencia a un debilitamiento en la confianza de los inversionistas, de las perspectivas económicas y de riesgos en las finanzas públicas por la política energética, así como la situación de Pemex. La calificación crediticia de la deuda soberana es seguida por los inversionistas extranjeros principalmente, aunque el mensaje es negativo, aún no se observan señales de nerviosismo y no han ocurrido ventas de pánico en los mercados financieros.

Aunque el tipo de cambio ha reaccionado a cada uno de los eventos, a diferencia de otras ocasiones, no se ha dado un movimiento excesivo de volatilidad y esto es muy positivo para un funcionamiento ordenando de la economía. El peso ha logrado moverse en un rango “acotado” de 18.70 a 19.70 en lo que va del año y es hasta este momento, la tercera moneda emergente con mayor apreciación vs el dólar americano después de Rusia y Tailandia.

Ante este escenario, las herramientas que tiene disponible el gobierno actual para reactivar la economía son: ejercer de forma responsable mayor gasto público o que Banxico recorte tasas para fomentar el consumo. Cada una tiene sus consecuencias, por el lado del gasto público se corre el riesgo de que no se alcance el superávit primario que se tiene presupuestado, lo cual pone en riesgo la perspectiva de las calificadoras hacia el país. Por el lado de la política monetaria, recortar tasas podría depreciar el tipo de cambio y que vuelva a elevarse la inflación.

Se tendrá que estar muy pendiente en la segunda mitad del año para ver qué acciones toma el gobierno actual, cuáles son los factores que tendrán más peso en los próximos meses y, sobre todo, estar atentos en cómo se desenvuelve la economía global.

De igual manera, las personas pueden hacer un alto en el camino y hacer un análisis de su propia economía. ¿Qué pasa con las finanzas personales? ¿Cómo se espera llegar al final del año? ¿Se cumplirán las metas? Por fortuna, aún es tiempo de realizar los ajustes necesarios para hacer crecer los ahorros personales o familiares, convencidos de que vale la pena invertir; eso sí, siempre de la mano de asesores calificados para aprovechar de la mejor manera las oportunidades que ofrecen los mercados aun en escenarios complicados.

El autor es VP Fixed Income en Asset Management BBVA.

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