La desviación persistente del déficit de la seguridad social y el recurso continuado al Fondo de Reserva ha generado de nuevo un intenso debate sobre la viabilidad del sistema de pensiones en España.

Para despejar desde un principio cualquier duda, el sistema de pensiones es viable, pero requiere seguir realizando cambios importantes. Primero, se necesita que prosiga la recuperación para reducir el déficit. Segundo, hay que eliminar el déficit estructural existente, que no va desaparecer con una recuperación sin reformas adicionales. Tercero, es necesario asegurar que a largo plazo ingresos y gastos crecen a la misma tasa, para que no vuelva a aparecer un déficit estructural.

Las previsiones disponibles indican que el número de pensiones aumentará de 9.4 millones en el 2015 a 15.0 en el 2050, con tasas de crecimiento anuales que irán aumentando de 1.2% actual a 1.8% en el 2035. Además, las nuevas pensiones suelen ser más elevadas que las que salen del sistema.

En los últimos años, este efecto sustitución ha aumentado el gasto alrededor de 1.6%, casi el doble que el crecimiento medio de la productividad de las dos últimas décadas (0.85 por ciento). Si suponemos que este efecto se irá reduciendo paulatinamente a 0.8%, el crecimiento anual del gasto en términos reales se situará por encima de 2.5% hasta el 2040.

En la medida en que los ingresos del sistema de pensiones crecen a largo plazo al mismo ritmo que el Producto Interno Bruto (PIB), sería necesario que su crecimiento real se situara por encima de 2.5% para financiar el aumento previsto del gasto. Obviamente la mejor solución pasa por reformas estructurales que aumenten el empleo y la productividad. Pero ¿qué ocurriría si el crecimiento del PIB no llegase a 2.5 por ciento? En ese caso, las opciones son básicamente dos: aumentar el crecimiento de los ingresos por encima del PIB hasta igualar el del gasto o reducir el crecimiento del gasto al del PIB.

Optar por reducir el crecimiento del gasto no impediría mejoras de la pensión mínima ni del poder adquisitivo de la pensión media. Pero al hacerlo a una tasa menor que el salario medio para evitar un déficit creciente, la generosidad del sistema, medida por la pensión media sobre salario medio (o tasa de beneficio), iría disminuyendo progresivamente.

De acuerdo con The 2015 Ageing Report de la Comisión Europea, la tasa de beneficio de España (65.4%) en el 2013 era la segunda más alta de toda la Unión Europea y 23 puntos superior a la media de las ocho economías más avanzadas (42.4 por ciento). El problema es que mantener la tasa de beneficio es aún más exigente que garantizar la sostenibilidad. Salvo que el crecimiento de los cotizantes fuera el mismo que el del número de pensiones, hasta alcanzar la cifra poco probable de 27 millones de afiliados en el 2050, sólo cabe reducir la tasa de beneficio o aumentar impuestos.

Mantener la tasa de beneficio con alzas impositivas sería sumamente exigente para los contribuyentes, al tener que aumentar continuamente las tasas impositivas de los impuestos destinados a financiar pensiones. Además de los efectos distorsionadores sobre el crecimiento y el empleo, esta alternativa requería transferir cada vez más renta de la población activa a los pensionados, aumentando la carga sobre las generaciones futuras y reduciendo la contribución.

En definitiva, el dilema es mantener la generosidad actual del sistema a cambio de una presión fiscal creciente sobre las generaciones futuras o converger gradualmente a una generosidad más sostenible, como la de los países europeos más avanzados que nos han precedido en el envejecimiento de la población, evitando así aumentar el desequilibrio intergeneracional y aprendiendo de su modernización del Estado del Bienestar. Todo ello nos debería llevar a converger cuanto antes a un sistema de reparto que funcione con la transparencia e incentivos de las cuentas nocionales (individuales).

Adicionalmente, cuanto más se avance en reformas que impulsen el empleo y la productividad, más manejable será este dilema. La sociedad española debe ser consciente del reto que supone asegurar pensiones suficientes y su sostenibilidad, así como de las implicaciones que tiene optar por unas soluciones frente a otras cuando no hay menús gratis.

*BBVA Research.