El plan oficial contra el Covid-19 inicia la próxima semana con la aplicación de la vacuna de Pfizer a 125,000 personas del personal de salud. El convenio con esta farmacéutica proveerá 34.4 millones de dosis. En adición, el gobierno firmó adquisiciones de 35 millones de dosis con CanSino (China) y 77.7 millones con AstraZeneca, lo cual suma un total de 147.1 millones de dosis. La de CanSino es única y las de Pfizer y AstraZeneca son dobles, así que con estos tres abastecimientos se podrá cubrir a 91 millones de personas. Para la aplicación, se definieron cinco etapas por grupos de edad y personal sanitario que suman 94 millones de personas. Es decir, la disponibilidad de vacunas queda por debajo del objetivo en 3 millones.

A pesar del anhelo de que ya se tendrá la vacuna gratuita para todos, la estrategia de vacunación es difusa, ineficaz y tiene muchas indefiniciones. Ésta iniciará en la última semana de diciembre y finalizará en marzo de 2022, es decir, serán 75 semanas de vacunación. La meta oficial es alcanzar el 100% de los mayores de 16 años en marzo de 2022.

El objetivo de inyectar una población de 94 millones, implica aplicar 1 millón 253,000 vacunas por semana. Si consideramos siete días a la semana de 12 horas continuas de vacunación, esto equivale a 179,048 aplicaciones por día o bien 14,921 por hora lo que significa 249 por minuto. Y esto en todo el territorio nacional. Es una tarea titánica; ¿se tiene la capacidad para llevarla a cabo?

El panfleto dado a conocer es muy general y no detalla la estrategia de la compleja logística. No se describe todo el proceso: primero, el transporte de las dosis de manera segura de los aeropuertos a los lugares de almacenamiento: ¿Dónde? ¿Cuántos? ¿Con qué capacidad? ¿Qué equipos y su mantenimiento? ¿Condiciones de ultra refrigeración? ¿Qué política de gestión de inventarios? Luego viene la distribución en todo el territorio nacional y el acondicionamiento de la infraestructura para la aplicación de las dosis (módulos especiales, espacios en clínicas, etcétera).

Todas estas tareas las realizará... ¿quién más? pues el Ejército. Hay empresas internacionales de logística que se encargan de instrumentar proyectos de esta índole, pero al hacerlo el Ejército —con preparación limitada para ello— el gobierno se ahorra contratar a alguna de estas compañías. Además, López-Gatell y el presidente han dicho qué laboratorios privados tendrán prohibido adquirir, distribuir y aplicar la vacuna, un absurdo atribuido a sus perversas e ideologizadas mentes.

El gobierno ha dicho que tienen los recursos para la adquisición de las vacunas, sin embargo, en el presupuesto 2021 no se tiene etiquetado ningún rubro para ello. La Secretaría de Hacienda ha estimado un costo cercano a 35,000 millones de pesos. ¿Cómo se va a financiar?

Otro problema adicional es que el lapso planeado se traslapará con la siguiente ronda de nuevas aplicaciones (según el caso, anual o semestral) por lo que esto también tendrá que ser previsto. Con esta colosal tarea a cuestas sin logística definida y con exclusión del sector privado, la cobertura total de la vacuna quizá se alcanzará hasta 2023.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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