La imaginación y la creatividad popular también ?tiene lugar cuando se genera una cultura del ahorro.

Don Samuel recién murió a los 83 años. En el 2001 abrió su cuenta en un grupo de ahorro en San Martín. Su esposa también abrió su cuenta, pero siete años después. Cada uno decidió cuánto ahorrar. Los dos puntualmente entregaban cada semana sus pesos a una cajera de su propia comunidad, quien semanalmente los depositaba en la cooperativa.

El historial de ahorro de don Samuel muestra que le gustaba ahorrar. No fue lo mismo ahorrar cuando estaba sano (ahorraba 200 pesos cada semana, así durante más de 500 semanas) que cuando estuvo enfermo durante un año (durante 58 semanas ahorró 10 pesos) hasta que murió.

En los 12 años que fue socio, sacó cinco préstamos, pagados puntualmente. Cuando no tenía efectivo, retiraba de su ahorro para pagar su deuda.

Doña Elena, su esposa, fue a la cooperativa para recoger el seguro de defunción de su esposo. Sorpresivamente, avisó que no cerraría la cuenta de su difunto esposo, pues le seguiría ahorrando. Ella también continuaría ahorrando en la suya. Se le preguntó: ¿quiere que su esposo conserve su cuenta de ahorro? Eso es lo que quiero. ¿Por qué no?

Doña Angela, de la comunidad de Zituní ahorra en la cooperativa desde 1992. Ha tenido cargos de responsabilidad. Hace algún tiempo fue a abrir una cuenta de ahorro a nombre de Salvador Cruz. En esa cuenta ahorraba con frecuencia, igual que en la propia. Recientemente, se le pidió que entregara la identificación de Salvador Cruz. Explicó que esa cuenta era de un santito y que, si querían, podría dejar una estampita para su identificación. Para qué quiere una cuenta de ahorro a nombre de un santito. Su respuesta espontánea no se hizo esperar: ese dinero es para cuando se le ofrezca, como el día de fiesta, para comprarle flores, para arreglar el altar

En la comunidad del Cerrito, doña Julia recién cumplió 102 años. Mujer muy activa, caminadora todavía a los 100 años. Empezó a ahorrar cuando tenía cerca de 75 años. Fue una de las primeras ahorradoras de la cooperativa.

Con una constancia notable, no dejaba de ahorrar: al principio, 50 centavos; después 1 peso, y en estas fechas, 5 pesos. Nunca ha sacado un préstamo. Ahora ella ya no puede ahorrar, pero su nieta cada semana le guarda unos pesos.

Margarita, de la comunidad de San Nicolás, es una muchacha muy joven que pronto tendrá su primer hijo. Ha venido ahorrando desde que tenía cuatro años. Hace un mes, abrió una cuenta de ahorro para su hija que nacería pronto. Dice que le gusta que desde chiquita aprenda y que, cuando entre al kinder, ya tenga un dinerito para sus gastos escolares.

Doña Lourdes tiene siete hijos. Ella empezó a ahorrar hace más de 20 años. Su marido la desanimaba, pero ella ni caso le hacía. Con el tiempo le abrió una cuenta de ahorro a su hijo más grande; así a sus demás hijos, hasta que todos tuvieron su cuenta.

Aparta 60 pesos a la semana. Diez para su cuenta y 5 pesos en la cuenta de cada uno de sus hijos. El marido, rejego, notó que su esposa estaba más activa. Y cuando había una necesidad, ella sacaba de su ahorro.

Cuando él le pedía que sacara de su ahorro para alguna necesidad, le decía que no. Tienes tú que tener tu propia cuenta. Ahora ya él y sus nietos tienen su cuenta de ahorro escolar.

En la familia de doña Oliva, también de Zituní, hubo un momento en que ahorraba la bisabuela, la abuela, la hija, la nieta y la bisnieta. Cinco generaciones que realizaban un simple acto de separar cada semana unos pesitos para entregarlos a su cajera. Doña Oliva se enorgullecía de esto.

Muchas historias como éstas se dan con frecuencia entre gente pobre y no tan pobre.

La imaginación y creatividad, como se evidencia, también tienen lugar cuando se genera una cultura del ahorro. En las seis historias, encontramos una persistencia, una confianza, un esfuerzo pequeño, que revelan que es posible ahorrar y así contagiar a los próximos.

Todas estas familias que son portadoras de una cultura del ahorro son una historia pendiente de ser escrita. Pero de que piensan, analizan, decidan de forma diferente a los que si carecen de esta cultura, no hay duda.

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