El tema lleva al controvertido asunto de si los reportes médicos del presidente deben ser del dominio público. La respuesta rápida es que los ciudadanos tienen derecho a conocer la situación de salud de su presidente...

“¡Buenas tardes señor presidente!” resonó el coro de los militares que en una cuidadosa escenografía flanquearon la puerta de acceso por la que solitariamente entró López Obrador a Palacio Nacional un domingo en la tarde. El inverosímil y ridículo acto refleja la megalomanía del presidente, quién sintiéndose emperador, alineó a la banda militar al costado para darle la bienvenida con fanfarrias trompeteras. Una vez parado en medio del patio, saludó a los militares quienes le regresaron vehementemente el saludo. La escena refleja no sólo el sueño de grandeza del personaje, sino que proyecta la soledad en la que ha caído.

Pero el video revela otros aspectos más preocupantes. Se nota su caminar por el patio con cansancio que no refleja la forma de andar de una persona de su edad. Habrá venido cansado de su gira, dirán algunos. Pero esa forma de arrastrar los pies ya se le ha notado con frecuencia. Asimismo, revela un ostensible sobrepeso, acumulado por el mondongo, la pancita y las fritangas grasosas que gusta ingerir. Para su historial de hipertensión e infarto, esa alimentación y el exceso de kilos son un alto riesgo.

El tema lleva al controvertido asunto de si los reportes médicos del presidente deben ser del dominio público. La respuesta rápida es que los ciudadanos tienen derecho a conocer la situación de salud de su presidente. Pero el tema es más complejo que esa simple exigencia. Por un lado, es claro que la información médica sobre su salud (física y mental) se convierte en un tema de seguridad nacional, ya que una enfermedad seria podría afectar su capacidad y juicio para gobernar. ¿Existe para un presidente el límite entre lo público y lo privado? Unos dirán que tiene derecho a la privacidad de datos personales; otros, que la naturaleza pública del cargo no justifica guardarse ninguna información privada.

Hay más interrogantes. ¿Qué tipo de información médica debe hacerse pública? Por ejemplo, ¿Condiciones preexistentes al tomar posesión del cargo? ¿Enfermedades lo suficientemente graves durante el desarrollo de su mandato? ¿Dar a conocer los efectos de un tratamiento médico? Asimismo, podría surgir una pugna entre el médico responsable y el presidente, desembocando en un conflicto entre la salud y lo político. Por ejemplo, el doctor queriendo dar a conocer una enfermedad que concluya que el presidente se encuentra impedido para cumplir sus funciones, pero el presidente prohibiéndoselo.

No hay internacionalmente una norma generalizada como la mejor práctica: ¿Debe ser obligatorio por ley para un presidente dar a conocer periódicamente su condición médica, o es una acción voluntaria de responsabilidad ética hacerlo? En Estados Unidos, Canadá y Europa es una práctica voluntaria que periódicamente se ejerce, inclusive desde que son candidatos. Para México, con un presidente que sistemáticamente miente (80 veces en promedio en las mañaneras según el reporte reciente de Signos Vitales), divulgar su estado de salud debería ser regulado por ley. Máxime, siendo un tema de seguridad nacional y los antecedentes de salud de López Obrador.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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