El tema ya no es Grecia. Su impacto lleva años dañando al mundo y la negación a que no debe pertenecer a un club que no está a su nivel hace perder de vista a España.

Con Grecia se perdió tiempo precioso debatiendo sobre si era necesario o no rescatar esa economía... Siempre fueron insuficientes los compromisos helénicos.

Es totalmente fuera de toda proporción que el mundo entero sienta que la estabilidad de las finanzas del planeta dependa de una elección legislativa local en Grecia.

Más allá de argumentar con resignación que así funciona el mundo interconectado, implica que hoy todos dependemos de cómo una región -y, dentro de ella, países tan pequeños como Grecia- resuelve los problemas que ellos solos provocaron.

Porque, cuando Europa administraba la abundancia del euro, pidiendo prestado a manos llenas con el respaldo de la misma moneda que usaban franceses y alemanes, ahí sí, el mundo no fue partícipe de esas glorias artificiales.

Los países desarrollados del norte europeo que comparten la moneda se hicieron de la vista gorda de los gastos excesivos, porque lo vieron como una forma de evitar que en una zona de libre tránsito laboral su mercado se viera inundado de inconformes sureños o habitantes de los PIIGS que fueran a buscar trabajo.

Jugaron en la raya de la imprudencia financiera hasta que el sismo de la Gran Recesión del 2008 hizo que todo se trastocara. Y, justo cuando los gobiernos debieron mostrar más responsabilidad fiscal, fue cuando más errores cometieron.

Grecia y Alemania hicieron lo mismo: gastaron más dinero para mantener la economía moviéndose en la recesión. La diferencia es que la maquinaria alemana es tan poderosa que hoy han corregido todos esos gastos adicionales que hicieron hace un par de años.

El país helénico solo complicó su situación fiscal y ahora, en el pago de las facturas, no les alcanza y los supuestos beneficiarios del gasto irresponsable son ahora los ciudadanos que hoy no ven claridad económica por un largo tiempo.

La cumbre del Grupo de los 20 (G-20)empezó ayer en Los Cabos con la atención puesta en las elecciones legislativas de Grecia. Y de los tres escenarios posibles, resultó el intermedio, donde los que están en favor de seguir con los duros planes de austeridad que los mantengan en el euro ganaron, pero no obtuvieron mayoría.

Y a pesar de lo trascendente de este proceso local para la política mundial, la realidad es que ya no tiene el efecto en lo que puede seguir para Europa.

Grecia es un paciente en terapia intensiva y sus signos vitales se debilitan, su cuerpo económico se atrofia y parece muy difícil que pueda ser capaz de regresar al alto rendimiento que exige el euro.

Pero el tema ya no es Grecia. Su impacto lleva años dañando al mundo y la negación a que no debe pertenecer a un club que no está a su nivel hace perder de vista el verdadero peligro mundial: la economía española.

Con Grecia se perdió tiempo precioso debatiendo sobre si era necesario o no rescatar esa economía. Durante meses se discutió cuánto aportar a Atenas para su recomposición financiera. Siempre fueron insuficientes los compromisos helénicos y los recursos europeos.

Con España están repitiendo el mismo esquema. Madrid niega que necesite un rescate, cuando su tasa de interés en los mercados ya sobrepasó la barrera de 7% en sus bonos a 10 años, lo que hace indispensable un respaldo global.

Mariano Rajoy está en Los Cabos defendiendo su presidencia y al Partido Popular, cuando debería estar buscando que el Fondo Monetario Internacional, con su reforzada cartera, y el resto del mundo entendieran que ayudar a los ibéricos es evitar un daño mayor.

Los conservadores griegos intentan formar gobierno, qué bien. Pero España está ya en zona de rescate y estamos hablando de la cuarta economía más grande de la zona euro. Uno de cada cuatro españoles no tiene trabajo y uno de cada dos jóvenes no consigue emplearse. La cartera vencida crece todos los días. Eso es un problema para los bancos, que no pierden equilibrio, pero es más problema para la gente, que pierde la casa.

Las cumbres mundiales siempre son ambiciosas, pero si se quisiera que el encuentro del G-20 en Los Cabos tenga un resultado satisfactorio, deberían subir a Rajoy abordo de su avión con el compartimiento de carga repleto de dólares, yuanes y euros suficientes para su rescate.

No poner atención al verdadero problema urgente e importante de Europa sería una estupidez global.

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