Pocos sectores de la actividad económica tienen un impacto transversal tan importante en la sociedad como el de las telecomunicaciones.

Este sector constituye en sí un insumo esencial para la operación económica y social, que depende en su diseminación y adopción de un marco legal y regulatorio para aprovechar óptimamente sus impactos.

Al hablar del estado de las telecomunicaciones de un país, generalmente se refiere a niveles de precios, penetración de servicios, calidad, grado de competencia efectiva, impacto en productividad económica, eficiencia en la asignación de recursos escasos como el espectro radioeléctrico y el crecimiento en ingresos y utilidades de los agentes productivos, entre los principales temas del sector.

Pero la regulación debe atender también al nuevo poder que Internet da a los ciudadanos. La definición de usuario de un servicio de telecomunicaciones o ciudadano digital debe reconsiderarse de forma tal, que éstos sean vistos como agentes que de forma efectiva que participan en la creación de nuevos servicios de comunicación e interacción social, mediante blogs, redes sociales y la creación de sus propias páginas y sitios de Internet. Así, el impacto de estas herramientas y cómo son aprovechadas por la sociedad trascienden a los aspectos económicos o particulares de un sector para incrementar el bienestar individual y potenciar la participación social, enriqueciendo la vida democrática.

Con todo, es entonces crucial que la visión del Estado respecto de las telecomunicaciones refleje las condiciones anteriores y se definan políticas públicas y regulaciones consecuentes, con una visión de mediano y largo plazos que posicionen al sector de las telecomunicaciones más allá de la suma de los conflictos que entre sí y con el Estado tienen sus actores particulares. Estas visiones de mediano y largo plazos debe entonces considerar los siguientes elementos:

-Acceso como meta última de la regulación y la política pública.

-Promoción de la inversión.

-Apropiación de las tecnologías por parte de la sociedad.

Es aún tiempo para que en nuestro país trascendamos ya los múltiples atrasos que padecemos, como la carencia de infraestructura, baja penetración de servicios, redes fijas y móviles subutilizadas, extrema litigiosidad, entre otros. Para ello, la regulación juega un papel central.

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