Necesario, corregir sesgos del PPEF 2020

La noche del Grito de Independencia, el presidente de la República se dirigió a “mexicanas y mexicanos” y mencionó a Leona Vicario, Josefa Ortiz y a las madres de la patria. Por otra parte, tanto en la escolta de la bandera como en el desfile fue evidente la presencia de mujeres, en un medio, el militar, todavía con predominio masculino. Este lenguaje incluyente y la creciente participación femenina en ámbitos de la vida pública pueden ser señales positivas. Sin embargo, por larga que sea la lista de heroínas o de militares y funcionarias destacadas, poco cambiará mientras las políticas públicas sigan marginando a millones de mujeres o pasen por alto sus necesidades.

Las políticas públicas impulsadas este año no sólo han ignorado la urgencia de garantizar los derechos de las mujeres y niñas sino que los han minado. La falta de recursos para estancias infantiles o refugios para mujeres maltratadas no es un mero error sino una política ciega a una realidad de por sí difícil para madres trabajadoras ( y padres en algunos casos) y para adolescentes y mujeres que viven en situaciones traumáticas por violencia familiar o de pareja.

Por desgracia, las protestas y recursos legales interpuestos contra estos recortes mal encaminados no han bastado para sugerir un cambio de rumbo. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación(PPEF 2020), de por sí restringido, invierte la lógica de las prioridades al otorgar de cada 100 pesos, 50 a Pemex, 3 a salud y 2 a educación (según datos de México Evalúa), y recorta en los hechos los recursos para promover la igualdad sustantiva, aun cuando aumente la suma nominal destinada a ella. También reduce la inversión que incide en las condiciones de vida de la población, en particular de la infancia, como la que debería promover un desarrollo sustentable y no dejar, más pronto que tarde, campos y ciudades contaminados, aire y ríos tóxicos o agua escasa y mala.

Como explica la economista Magdalena García Hernández en su análisis del Anexo 13 (Igualdad) del PPEF 2020, se han incluido en éste poblaciones que deben aparecer en otro anexo, como las personas indígenas o con discapacidad, de modo que, aunque el presupuesto para educación haya aumentado, sobre todo para becas, no se puede saber cuánto se destinará a niñas y jóvenes. A esta ambigüedad se añaden señales negativas como la reducción de recursos para microcréditos y, más grave en mi opinión, la “caída de 8.1%” en salud, que empeora para la salud sexual y reproductiva (20% menos) y la prevención y atención del VIH/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.

Además de atentar contra el derecho a la salud, entre otros, este tipo de medidas agrava problemas que requieren desde hace tiempo atención urgente, coordinación y eficiencia, como la prevención del embarazo adolescente, la atención a víctimas de violencia sexual o simplemente la prevención del cáncer. Una población enferma o carente de bienestar físico y mental no puede ser feliz. Una población dependiente de “apoyos” gubernamentales no es libre ni autónoma.

Como si esto no bastara para preocuparnos, el PPEF 2020 también reduce o limita los recursos para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres, que, de nuevo, debería ser prioritaria. Aquí, por ejemplo, la Conavim, encargada de las alertas de violencia de género en 18 estados, recibirá sólo 7 millones más que en el 2019, por lo que su titular llamará a los estados a invertir en este rubro. Loable quizá pero extraña iniciativa ¿por qué lo harían ahora si antes no lo han hecho? ¿Cómo? Si hasta ahora no se ha transparentado siquiera el uso de recursos federales. ¿Con qué directrices? Y ¿quién evaluará esas políticas?

Además, ¿cuándo y cómo se dará fin al sistema de justicia ineficaz y revictimizante que padecemos?

En el actual contexto de violencia generalizada y persistente militarización, éstos y otros sesgos del presupuesto auguran un futuro próximo más duro para todos, sobre todo para las mujeres que viven mayor pobreza y vulnerabilidad. El Congreso tiene la obligación de rectificar el rumbo.

@luciamelp

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).