La economía global está en un proceso histórico de cambio que a su vez transformará las relaciones geopolíticas globales, y la vida cotidiana de miles de millones de personas. Hacia el año 2050, el mundo tendrá que llegar a la meta de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero, para evitar consecuencias catastróficas en el clima del planeta. La era del petróleo llegará a su fin, y la electricidad será el fluido vital en todas las actividades humanas. Toda inversión en hidrocarburos habrá cesado para siempre (como lo indica la mismísima Agencia Internacional de Energía). El carbón y el combustóleo desaparecerán del horizonte energético. Los vehículos eléctricos sustituirán rápidamente a automóviles y autobuses de combustión interna, y serán producidos por un gran número de empresas especializadas. Las estaciones de carga serán ubicuas en ciudades y carreteras. El hidrógeno alimentará camiones pesados, turbinas de aviones y motores de grandes barcos. Las empresas petroleras transferirán activos e inversiones a energías renovables, obligadas por jueces, accionistas, gobiernos, y la propia lógica del mercado. Nuevos reactores nucleares modulares, versátiles e intrínsecamente seguros y accesibles ofrecerán energía firme a los sistemas eléctricos dominados por fuentes limpias y renovables, en especial solar, eólica y geotérmica. Centrales eólicas en el mar (off shore) serán la columna vertebral de sistemas eléctricos en muchos países.  Redes eléctricas inteligentes optimizarán cargas, voltaje, frecuencia y generación, ofreciendo respaldo eficiente a energías intermitentes junto con centrales para almacenamiento de energía. Líneas de transmisión de corriente directa a grandes distancias integrarán sistemas eléctricos entre regiones y países. Consumidores de electricidad también actuarán como productores interconectados de acuerdo a la variación horaria en precios y tarifas. Comunidades completas y sectores se independizarán de los sistemas eléctricos nacionales a través de micro-redes alimentadas con energía solar y geotérmica, y por baterías cada vez más baratas y eficientes. En los hogares y edificaciones comerciales y de servicios el gas pasará a la historia como insumo energético para dar paso a la electricidad en climatización, calentamiento de agua y procesamiento de alimentos, en buena medida de origen solar e incluso geotérmico, generada de manera distribuida, local o autónoma. Casi toda la industria será electrificada para cubrir necesidades de calor a temperaturas medias, mientras que la manufactura de cemento, petroquímica, acero y minería recurrirán al hidrógeno, al reciclaje (chatarra y plásticos) y/o a nuevos procesos o tecnologías, incluyendo la captura e incorporación de CO2 (por ejemplo, en la producción de Clinker). Todo el metano será recuperado en lo que quede de la industria de hidrocarburos, así como en granjas, rellenos sanitarios y plantas de tratamiento de aguas residuales, y utilizado para generar energía. El hidrógeno será verde, producido a través de electrólisis del agua con energías limpias. Habrá en todos los países un considerable impuesto a las emisiones de carbono (Carbon Tax) o mercados integrados de carbono, así como aranceles a productos importados y con una alta intensidad de carbono en su producción (Border Carbon Adjustments), de acuerdo con nuevas reglas comerciales de la OMC.

Los patrones de alimentación cambiarán y caerán el consumo de carne y la explotación y tortura cruel de miles de millones de animales domésticos en granjas industriales, tanto para detener la deforestación, como para eliminar emisiones de metano, y por razones éticas y humanitarias. Nuevas fuentes de proteína de origen vegetal o producidas en laboratorio con células madre nutrirán a buena parte de la población mundial. La deforestación tendrá que haberse detenido en países tropicales (como México, Brasil, otros países de América Latina, Sudeste Asiático y África), lo que implicará revertir y establecer límites físicos y territoriales infranqueables a la ganadería de reses, a la agricultura de subsistencia, y a la agricultura comercial de soya, palma africana y caña de azúcar. Deberá de multiplicarse la productividad en la agricultura por medio de nuevas tecnologías, incluyendo la biotecnología más avanzada. Se habrá emprendido la restauración forestal, ecológica o reforestación de más de 300 millones de hectáreas (1.5 veces el territorio de México) con grandes inversiones de gobiernos, empresas privadas y mercados de carbono, soluciones naturales con fines de conservación de la biodiversidad, captura de carbono, y adaptación al cambio climático. La ingeniería civil y la arquitectura resucitarán a las estructuras de madera con nuevos diseños, tratamientos de durabilidad y resistencia, las cuales se popularizarán con fines de captura y almacenamiento de carbono.

Los países que entiendan, anticipen, desarrollen, y encabecen todo esto serán potencias del siglo XXI, los que no, como México en la actualidad, serán parias o en el mejor de los casos, actores de reparto. (¡Es el cambio climático, estúpido! – parafraseando la célebre sentencia que hizo ganar a Bill Clinton las elecciones de 1992).

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Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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