Mucho se ha comentado y opinado sobre las criptomonedas virtuales, siendo el bitcoin la más conocida. Hay temores de que este dinero digital sin representación física pueda minar el control monetario de los bancos centrales y poner en riesgo la estabilidad financiera. El bitcoin, o cualquier moneda virtual, es creada para satisfacer una operación entre dos partes privadas sin el involucramiento de una autoridad central. Utiliza la tecnología del blockchain: un archivo de datos que contiene el registro de la propiedad, todas las transacciones y creación de unidades de bitcoins, es decir, incluye las huellas o rastros de su uso. Es el “libro de registro” (ledger) del sistema, pero éste no es único, cada participante puede armar su propia copia del ledger. El blockchain del bitcoin es una secuencia de algoritmos que define bloques donde cada uno se basa en su predecesor y contiene nueva información sobre sus características. Para utilizar al bitcoin, se descarga un software (wallet), que permite recibir, almacenar y enviar unidades de bitcoins. Con él también se intercambian monedas fiduciarias (dólares, pesos, etcétera) a bitcoins.

El bitcoin no cumple con las tres funciones básicas para ser considerado dinero: debido a la gran volatilidad en su precio, no es un buen almacén de valor ni se utiliza como una unidad de cuenta generalizada estable; su función como medio de intercambio es prácticamente inexistente porque no se usa para transaccionar bienes y servicios en la economía legal sino operaciones especulativas de inversión financiera. La excepción es su uso ilegal en el dark web, donde es la moneda prominente para comprar armas y drogas. Obviamente, no forma parte de la base monetaria, y la proporción del acervo de bitcoins en relación con el tamaño de esta última en cualquier país es insignificante.

Asimismo, en vista de su fragilidad y fluctuación exagerada, no provocan confianza para una estabilidad sostenida. Otro aspecto es su ineficiencia. Agustín Carstens se refiere al bitcoin como “una combinación de una burbuja especulativa, un esquema Ponzi y un desastre para el medio ambiente” (discurso BIS, 6/02/2018). Las computadoras que trabajan los algoritmos del blockchain consumen una gran cantidad de energía que se estima es 58.3 TeraWatt/hora anualmente, similar al consumo total de Kuwait. Debido a todo lo anterior, las monedas virtuales no amenazan, por ahora, el control de un sistema monetario nacional basado en la moneda “física” fiduciaria.

No obstante, los bancos centrales deben mantenerse atentos a este tipo de desarrollos tecnológicos y trabajar en coordinación con las entidades reguladoras financieras para prever impactos adversos. Sobre todo porque pueden incentivar su uso en la economía ilegal y en actividades de lavado de dinero.

En México la recientemente aprobada Ley Fintech reconoce a las criptomonedas como un activo virtual y establece que el Banco de México las regulará y supervisará ampliamente. Con ello se busca evitar que este dinero digital sea un riesgo para la estabilidad financiera.

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