Por el momento, China ostenta la posibilidad de disputarle el liderazgo mundial a EU. La salida de Inglaterra de la UE, los excesivos problemas de deuda de sus miembros, notablemente Grecia e Italia, y la incursión de nuevos miembros con escasa cultura tanto democrática como empresarial ponen en franco predicamento a esta zona. Por su parte, Japón que hasta hace una décadas se ubicaba como el líder de Asia, ha disminuido su influencia global. Esta columna ha sugerido que la región de América Latina ni por asomo está en condiciones de encabezar algún tipo de liderazgo económico, tecnológico o militar debido a la ideologización de sus élites gobernantes y a lo rústica que es la economía sustentada básicamente en materias primas, sin innovación ni apuesta por la tecnología. 

En este sentido, todo parece indicar que el liderazgo al menos tecnológico y económico estará en manos ya sea de EU o China, sin contar el poderío militar del primero. Con relación al análisis geoestratégico, una de las grandes interrogantes ha sido cómo incorporar a la dictadura comunista china al concierto internacional, sustentado en el libre comercio, la transparencia y la regulación. Contrario a la fobia que muchas veces despierta EU por su tradición de dominación, el mundo parece fascinarse con la República Popular China. Internacionalmente, deslumbra cómo ha logrado colar billones de productos en todo el mundo, con baja calidad a precios bajos, al mismo tiempo que es uno de los países que más violaciones tiene a los derechos laborales de sus habitantes, que lamentablemente no pueden ser considerados ciudadanos porque carecen de derechos. Por décadas, todas las grandes economías occidentales trasladaron sus capacidades de manufactura a este país, beneficiando a sus corporaciones con altas utilidades, producto de bajos costos de producción y laxitud regulatoria, al mismo tiempo que sus ciudadanos recibían abundantes productos a precios ridículos. La fiesta terminó cuando, producto de la reconfiguración de las cadenas de producción, la incursión china al mercado laboral mundial provocó que millones de personas perdieran sus empleos.

La gran interrogante sigue siendo la misma. Es posible que el mundo libre asimile una nación que teniendo la necesidad de alimentar a 1,600 millones de personas, con capacidades nucleares y notable restricción de las más elementales libertades sociales, siga participando del comercio internacional y del desarrollo tecnológico básicamente violando los más elementales principios de propiedad intelectual y que, además, tiene una notable corrupción. Política y socialmente hablando, es una abierta dictadura y, por el otro lado, se presenta como una economía libre, aunque si se va al fondo, ello no es cierto; ¿se puede continuar eternamente de esta forma? Hasta el momento esta nación ha navegado las aguas de la integración económica faltando a los preceptos de libertad y democracia que anteceden al liberalismo económico. De continuar así, China ganará la batalla por la supremacía global sin ser cuestionada por su constante violación a los derechos humanos, al mismo tiempo que el mundo occidental se ahoga en su propio exceso regulatorio.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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