Para obtener una fotografía aterradora de cómo se vería un mundo “postestadounidense”, considere el desgaste de la relación entre Estados Unidos y Turquía que ha estado ocurriendo durante las tres últimas administraciones.

Turquía ha llegado a pensar que puede ser independiente en la articulación de estrategias geopolíticas respecto a los intereses que tiene con Estados Unidos.

Quien así lo piensa es el presidente Recep Tayyip Erdogan. Durante la última década, el líder turco ha alterado la geopolítica de su país, desmontando la república laica creada por Mustafa Kemal Ataturk y creando una Turquía neootomana que está más alineada con sus vecinos del este, incluida Rusia.

“Desde el final de la Guerra Fría, la relación (entre Turquía y Estados Unidos) ha estado en problemas porque desapareció la Unión Soviética que era una amenaza para ambos países”, sostiene Bulent Aliriza, quien dirige el Proyecto Turquía en el Center for Strategic and International Studies. Los tres recientes presidentes estadounidenses han tratado de coaccionar a Erdogan a través de varias vías pero no han podido.

En la actualidad Estados Unidos y Turquía se dirigen hacia una de las confrontaciones más serias que se recuerden a lo largo de la historia. El Pentágono advirtió el lunes pasado que Turquía enfrentaría “graves consecuencias” si continuara con su plan de compra a Rusia de un sistema ruso de defensa aéreo llamado S-400 en lugar del sistema Patriot que fabrica Estados Unidos.

El comandante de la OTAN, general Curtis Scaparrotti, pidió a Ankara que “reconsidere” su decisión.

El miércoles, Erdogan no dudó en responder: La decisión “está tomada”, la compra la hará a los rusos. “Nunca puede haber un retroceso. Esto no sería ético, sería inmoral. Nadie debería pedirnos que lamamos lo que escupimos”.

La decisión de Erdogan es un claro desafío a Estados Unidos sobre el riesgo de que la alianza estratégica entre ambos países desaparezca.

Turquía, al ser miembro de la OTAN tendría en su territorio los dos sistemas de defensa aéreo.

“Turquía es un aliado totalmente confiable”, argumenta Eric Edelman, quien se desempeñó como embajador de Estados Unidos en Ankara desde el 2003 hasta el 2005.

Fue el propio Edelman quien envió un despacho a la Secretaría de Estado, en el 2014, mismo que fue revelado por WikiLeaks: “Erdogan tiene rasgos que lo hacen seriamente vulnerable a calcular mal la dinámica de la política, especialmente en asuntos exteriores”.

El péndulo turco se ha estado alejando de Occidente, a pesar de los intentos de los últimos tres presidentes de los Estados Unidos para tranquilizar al líder turco. George W. Bush y Barack Obama presionaron a Europa para que admitiera a Turquía en la Unión Europea.

Obama trató a Erdogan como un modelo de líder musulmán durante la Primavera Árabe, cortejando al líder turco a través de más 20 llamadas telefónicas personales.

El presidente Trump abrazó a Erdogan y se ofreció, en diciembre, a retirar a las tropas estadounidenses del noreste de Siria y dejar que las fuerzas turcas tomen el control de la zona, una posición que ha cambiado desde entonces.

Erdogan ha socavado la relación con EU.