Karolina Ramqvist parece relajada con el éxito de La ciudad blanca (Anagrama), su primera novela traducida en español.

Este libro es una especie de secuela única para una novela previa llamada La novia. Ese fue el primer libro en que me pude alejar de escribir como periodista, porque en Suecia me era muy difícil mantenerme como novelista.

En todos lados

Ja ja ja, sí en todos lados. Supongo que no hay un lugar ideal donde funcione. (Sigue riendo) Después de que La novia tuvo algunas traducciones tuve la posibilidad de escribir ficción. Así que eso es lo que hago ahora. Aunque hace poco publique un libro sobre la escritura y ser el Escritor con mayúscula, que es la persona que asiste a ferias del libro y habla confortablemente desde el escenario; en contraste con el escritor que escribe. El que está sentado en piyama en su recámara con su computadora.

Con cuál te sientes más cercana

Con el segundo. El que está realmente escribiendo. La novela que escribí antes de La ciudad blanca se llamaba El principio de todo, un libro basado en mi propia biografía, una novela de formación sobre una chica entre los 14 y los 23 años. El libro fue un gran éxito en Suecia, quizá por la moda de la autoficción. Es como si no pudieras escribir ficción nunca más, por que alguien te iba a preguntar sobre la realidad.

Me sentí atrapada siendo el Escritor con mayúscula, disminuida y perdida en eso, hablando de los libros en lugar de escribiéndolos. Había planeado unas vacaciones con mi familia pero me di cuenta que no podía tomarme unas vacaciones, que necesitaba escribir. Quería escribir algo que no fuera a ser publicado, porque no quería estar en esa situación otra vez (ríe).

Cuando La novia se editó me preguntaron mucho si iba a escribir una secuela, y yo les decía que eso nunca iba a pasar. No entendía por qué la insistencia en una secuela. Había muchos otros libros que yo quería escribir. Así que agarré mi laptop y me dije “esto nunca será publicado”.

¿Continuaste la historia o se trata de una distinta en el mismo mundo?

En mi mente se llamó “el cambio” una palabra que en sueco significa muchas cosas. Era una nueva perspectiva en el personaje, en una situación completamente nueva. El primer libro lo escribí en primera persona y este está en tercera.

Un poco más de distancia

Sí. Me alejé, porque en el primero estás dentro de su cabeza, es un monólogo constante. Ella vive en esta casa, la misma casa de La ciudad blanca (dice el título en español), pero en el primer libro la casa es perfecta y a ella le interesa mantenerla así. El primer libro es sobre el deseo, el deseo de cosas materiales, la estética, lo superficial. Y también sobre la manera en que ella quiere sentirse deseada. La ciudad blanca es sobre necesidades, las necesidades básicas de los seres humanos.

Has dicho en otras entrevistas que el primer libro era sobre la preocupación. Me parece interesante que en el inicio de éste, digas “la gente se preocupa de que nada vaya a suceder y sucede de todas maneras”. Así que era como cerrar el tema.

Exacto. Una partida. En el primer libro ella pasa un fin de semana encerrada preocupada de que John (su pareja) regrese. Él esta probablemente robando un camión de transporte de valores con un helicóptero o algo así. Ella está confinada en casa porque debe darle una coartada, así que no puede salir. Me importaba retratar el sentimiento de preocupación, porque lo había sentido mucho. Uso mis miedos cuando escribo.

¿Como detonadores?

Sí, pueden ser el punto de partida, y sólo cuando acabo el libro me doy cuenta que estaba escribiendo sobre mí y lo que yo quería resolver, controlar quizá, es como si pusiera todas esas cosas que temo dentro del objeto físico del libro para poder manipularlas, y es algo de lo que no me doy cuenta mientras escribo.

De eso se trata escribir, ¿no es cierto?

¿Entonces escribes como un diálogo contigo misma?

Sí. Eso creo. O un diálogo con el libro anterior. Es como si no le importara a nadie más. Y entonces, cuando se imprime el libro se vuelve completamente ajeno a mí. Digo “no tengo idea quién escribió esto” (Risas). Y entonces, en ese periodo de tiempo, le pertenece completamente al lector y es el lector el que tiene que terminarlo para convertirlo finalmente en un libro, o en una novela, y antes de eso es una cosa tan frágil. Siento que no soy la persona que debe hablar sobre él, que sólo puedo destruirlo si hablo sobre él.

Imagino que después de un libro exitoso como este, te deben preguntar mucho sobre tu siguiente proyecto.

Sí, y me pone un poco nerviosa. Porque al final esto fue un éxito para mí como escritora. Digo, estoy feliz con el texto. También es la primera vez que tuve un editor que estaba dispuesto a hacer lo que yo quería hacer.

¿Cuál es tu proceso, que te lleva a escribir una historia?

Bueno, principalmente es el lenguaje, y las imágenes que tengo, y estas emociones y el tema y el misterio que quiero retratar. Fue muy difícil escribir este libro porque tiene mucha trama. Eso fue un reto, tuve que salir de mi zona de confort.

Este libro empieza con tu personaje mirándose en el espejo, es una imagen poderosa. Tiene muchas referencias al plano físico, el cuerpo y la conciencia del cuerpo y el cuerpo de su bebé. Ella está rodeada por una casa en decadencia y de alguna manera ve esa decadencia en su propio cuerpo. ¿Fue el tema de la decadencia el que te movió?

Sí, absolutamente. Creo que hay muchas cosas sobre ese tema que pensaba mientras lo escribí. Crecí en Suecia donde tenemos esta idea muy fuerte sobre la independencia individual. La familia no es muy importante en la cultura sueca. Dependemos más bien del Estado y el Estado tiene una gran influencia. Así que creí con todas estas ideas socialdemócratas suecas de clase trabajadora sobre ser independiente, que combinadas con ideas feministas sobre ser una mujer independiente. Toda mi vida literaria es una consecuencia de esto. Me convertí en escritora porque no quería necesitar a nadie más. Quería estar conmigo misma, crear mi propio mundo, protegerme de la vida, de la existencia y de alguna manera del dolor y todas estas cosas que son inevitables.

En los noventas fue muy popular en Suecia un libro de John Gray titulado Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. Este libro tuvo muchas consecuencias para mi generación en términos del debate feminista. Estábamos obsesionadas con quitarnos de encima esta manera de pensar, y creo que ni siquiera éramos capaces de mencionar el cuerpo femenino, temiendo hablar sobre diferencias biológicas porque eran usadas como excusas para la desigualdad.

Si alguien me hubiera dicho que iba a escribir una novela que tenía tanto que ver con el cuerpo femenino y la lactancia, no les hubiera creído. Pero quería enfrentar un tabú muy profundo en mi misma, envejecer y tener la conciencia de las limitaciones del cuerpo y como este determina nuestro lugar en la sociedad y dentro de las estructuras de poder. No importa si somos hombres o mujeres, si funcionamos completamente o no, o el color de nuestra piel o el tipo de trabajo que hacemos.

Luego está la naturaleza. Desde la perspectiva sueca puede uno tener la idea de que nada puede lastimarte, que estás en la cima de la cadena alimenticia, que vivirás para siempre. Esto conecta con la naturaleza y el impacto que tienen, para los suecos, las estaciones del año. Siempre me asusta llegar al otoño y al invierno, vivir en la oscuridad y el frío. Esto influye nuestra cultura muchísimo y no solemos hablar sobre ello, sobre el cuerpo y la naturaleza.

También estaba el cuidado del bebé y la relación entre madre y bebé cuando son básicamente una persona, un cuerpo, tanto en el embarazo como durante la lactancia, y sus cuidados. Me sorprendía haber leído muy poco sobre ello. Pensaba que era un tema ya gastado. De alguna manera tenía en mente el arte visual feminista de mis años de formación en que el cuerpo femenino y la lactancia son lugares comunes. Y yo pensaba que sería igual en la literatura, y empecé a buscar novelas que hablaran sobre ello y apenas encontré una.

Esto me dijo mucho sobre cómo vemos las vidas de las mujeres, que incluso yo como feminista, crea que el tema de la lactancia es tan viejo y gastado que todo mundo debe haber escrito sobre ello (ríe). Y no es así. Lo que más me interesa de la lactancia es un fenómeno que se da. Si estás dando pecho o recientemente lo hiciste, incluso si han pasado años, y escuchas llorar a un bebé, tus pechos pueden empezar a lactar y producir leche o empiezas a asentir la misma sensación física. Oyes llorar a un bebé y tu cuerpo se transforma.

Esto me recordó el arte y la literatura y cómo trascendemos y como podemos sentir lo que otro está sintiendo. Cuando leo un libro que me gusta, quiero sentir lo que el protagonista siente. Muchas mujeres me dijeron que a leerlo se despertaban las sensaciones de la lactancia en sus cuerpos.

¿Algo que preferirías que no te preguntaran?

Bueno, cuando salió La novia, me preguntaban repetidamente mis experiencias como novia en una banda criminal. Una productora de televisión me llamaba insistentemente para que participara en páneles sobre mujeres viviendo con mafiosos, le dije que no sabía nada sobre el tema que el libro era completamente ficción y me preguntó “y cómo sabes que así sucedió?

Después de eso estaba constantemente irritada porque a los escritores hombres nunca les preguntan esas cosas. Son vistos como artistas que escriben sobre cosas profundas para todos, mientras que las escritoras son vistas como gente que sólo puede hablar de sus vivencias. Ahora pienso que es más bien el poder de la ficción, que el lector se sienta tan parte del libro que lo confunde con la realidad. Es algo hermoso de alguna manera.

Twitter @rgarciamainou

 

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).