Resulta alentador que varios pre y candidatos a la Presidencia de la República propongan como meta de gobierno, entre otras, un crecimiento económico de entre 6 y 7% anual a partir del 2013. Ya hay experiencia de promesas similares, por ello es deseable conocer las bases de sustentación.

El FMI ofreció hace unos días su estimación de cómo evalúa que estarán las cosas en ese año. Para la economía mundial calcula un crecimiento de 3.9%; para EU, de 1.2%; para la zona euro, de 0.8%, y para México, de 3.5 por ciento. China tendrá un alto crecimiento de 9% e India de 7.3%, las más altas y que son la referencia para los países emergentes de que es posible avanzar en un mundo globalizado.

Las cifras advierten que EU sale adelante, pero muy lentamente; Europa está estancada librando la batalla entre las restricciones financieras y el deseo de crecimiento; China e India van muy bien; México, con una tasa nada despreciable y con estabilidad macroeconómica, pero lejos de un crecimiento alto. Hay escepticismo por el bajo crecimiento económico de EU y porque si bien hay sectores muy dinámicos, como el automotriz o la inversión multimillonaria en México de la Coca-Cola, otros sectores están en dificultades.

El corazón del crecimiento económico es la inversión productiva y redituable. Para crecer a las tasas altas referidas se necesita que la inversión global se incremente alrededor de 15% anualmente. Si tomamos como antecedente que durante el sexenio de Fox el crecimiento medio anual de la inversión fue de 3.6% y para el sexenio de Calderón se estima de 4.3%, ¿qué harán nuestros pre y candidatos para que la inversión llegue a los niveles deseables por ellos? Estas dificultades no deben servir para la resignación. Por el contrario, plantea una ingeniería de políticas públicas que hagan que llegue la inversión extranjera, que trae en sí el desarrollo tecnológico. La inversión total en el país se ha mantenido relativamente estancada al representar sólo 21% del PIB en los últimos 40 años. La explicación se encuentra en el nivel bajo de ingresos de la población que hace que el ahorro sea insuficiente. Además, el poco ahorro no empresarial ha sido motivo de una destrucción persistente por las tasas de interés negativas para el ahorrador y devaluaciones frente a otras monedas.

Con todo, los deseos de tener un crecimiento económico alto son plausibles, sobre todo porque lo sostienen políticos que asumirían posiciones de poder.