Ante el inmenso desempleo que se ha creado en el mundo por la pandemia y la crisis económica, ¿qué se hará para reducir la alta inseguridad económica?

La pandemia ha movido en el mundo el piso de la política, de la economía, de la ciencia, de las relaciones obrero-patronales, de la cultura, de la vida cotidiana. Las decisiones, producto de los combates políticos, no son el resultado de la lucha entre el bien y el mal, sino de lo preferible y lo detestable.

Una reiterada posición en torno a la política económica es la de Trump, para quien crecer y consumir es lo más importante. No es suficiente a la luz de las nuevas realidades. Genera ingreso, pero no redistribuye, además de que el crecimiento es difícil en coyunturas de crisis como la actual. Para este año sólo China crecerá a 1%, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

Tampoco se puede marginar la problemática mundial del cambio climático dentro de la política económica. Por las calamidades que está causando, asumir que se necesita de una transición hacia la economía verde es una condición para enfrentar el caos y la destrucción de la naturaleza.

Ante el inmenso desempleo que se ha creado en todo el mundo por la combinación de pandemia y crisis económica de estancamiento que venía de atrás, ¿qué se hará para reducir la alta inseguridad económica? ¿Cuál será la combinación de política económica y política social? Esto es particularmente grave en los países en desarrollo que tienen una masa salarial muy baja, cuestión relativamente resuelta en los países desarrollados por la gama de prestaciones que ofrece el Estado de bienestar, una estructura costosa y compleja que garantiza la libertad y la estabilidad social.

La pandemia ya llego a África, y ante la excesiva precariedad que caracteriza a ese continente, las perspectivas son graves. Recordemos que en África, por la epidemia de la malaria y el cólera, han muerto miles de personas y ahora el coronavirus tiene las condiciones para su expansión. En estos países, la muerte es una máquina devastadora.

América —Canadá, Estados Unidos, América Latina y el Caribe— es la región mundial más infectada y con mayores muertes. No ayuda en Estados Unidos el hecho de que el presidente Trump haya menospreciado los peligros, a diferencia de sus colegas europeos que han asumido que la pandemia es el problema de mayor relevancia. Por ello, decidieron atacarla con recursos económicos sin precedentes. En Estados Unidos han sido los gobernadores y alcaldes los que han asumido la responsabilidad.

América Latina se caracteriza por servicios sanitarios muy deficientes, porque no han sido prioridad para los gobiernos. La inversión en capital humano, como es educación, salud, vivienda, seguridad social, es muy baja.

En México, de su población total, 60 millones de personas tienen diabetes, obesidad y presión arterial alta. Este segmento de la población es el idóneo para adquirir la pandemia. Se agrava con el hecho de que la falta de personal médico y equipos lleva al extremo de expulsar a los enfermos antes de recibirlos.

La agenda social mexicana es muy larga. Por ello, resulta evidente la valiosa decisión reciente del gobierno de promover la modificación del sistema de pensiones para permitir a los pensionados tener una mayor percepción en el momento de su retiro. Fue, por muchos años, una reiterada demanda de los trabajadores, misma que fue ignorada. Se trata de aportar mayores recursos para aumentar el fondo de retiro. En medio de la tragedia de la pandemia y sus muertos, ésta ha sido una buena noticia.

En circunstancias como las presentes, se ven las cosas de inmediato. Pasado como memoria y futuro como deseo.

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Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.