Escenario 1. A la llegada de los atletas olímpicos a las Villas de Tokio, se difunde rápidamente la noticia falsa de que las camas y los colchones hechos de materiales reciclados como el cartón, son una medida de distanciamiento social para evitar el sexo dentro de la villa olímpica. Si bien, efectivamente las camas están hechas de cartón, algunos atletas subieron videos para desmentir la noticia, probando que las camas aguantaban perfectamente los brincos de atletas de gran masa muscular.

Escenario 2. El presidente Macron de Francia anunció una serie de medidas contra el Covid-19, en las que se prohibirá la entrada a lugares a personas no vacunadas. Las medidas son para acelerar el proceso de vacunación en Francia. A raíz del anuncio de las medidas, hubo protestas públicas de personas mayoritariamente pertenecientes a la extrema derecha y a la extrema izquierda, comparando las medidas de Macron con medidas como la insignia amarilla, cuando se obligaba a los judíos a identificarse mostrando la estrella como una medida de exclusión.

Sin duda dos escenarios diferentes con un trasfondo en común que parece ser simple: las medidas y los hechos que han cambiado en el mundo a raíz de la pandemia. Pero si analizamos más a fondo, podemos discernir que implícitamente, ambos son la manifestación de la habituación a tener medidas de control de las instituciones que dictan la forma en la que nos acercamos a la pandemia.

La noticia de Tokio, aunque falsa, se difundió rápidamente y muchas personas la consideraron factible por el simple hecho de que ante la pandemia cualquier tipo de medida que pudiera detener los contagios podría ser establecido –dejando de lado que la medida resulta absurda puesto que los encuentros sexuales no están limitados a la existencia de una cama–. Por otro lado, la noticia de las protestas en Francia ha tenido diferentes lecturas en los medios internacionales: algunos cuestionan cómo la medida afecta los derechos fundamentales del hombre, en el sentido de la exclusión y del derecho a decidir sobre recibir o no la vacuna. Sin embargo, la pandemia nos ha venido a recordar algo que particularmente en estos tiempos se ha olvidado: que nuestras acciones individuales y del supuesto libre albedrío afectan inevitablemente a los demás. Que el hecho de decidir exponerse al contagio, afecta en situaciones de vida o muerte a las demás personas. Y que la toma decisión en cuanto a las medidas de distanciamiento social no tendría solo que ser coercitiva o impuesta por el gobierno, sino una responsabilidad moral y cívica ante el sentido de la existencia del otro.

Por otro lado, el papel del Estado o de las instituciones de diversas índoles en la regulación de la vida privada de los individuos es un hecho totalmente discutido en las ciencias sociales contemporáneas. En estos casos, resulta polémico debatir acerca de ello, cuando se toma por ejemplo el uso de las vacunas como una cuestión de decisión sobre el propio cuerpo. La cuestión es que el cuerpo individual también es un objeto social, en la medida en que las acciones y decisiones sobre nuestro cuerpo afectan también a la comunidad, como es el caso de los contagios por pandemia. Se revive también el debate de la oposición entre lo privado y lo público, entre la creciente individualización y la negación del colectivo, entre la cuestión del libre albedrío y el respeto por la vida de los otros.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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