El exembajador de Estados Unidos, Jeffrey Davidow, explica la relación entre México y Estados Unidos como la de un oso y un puercoespín. El oso actúa con arrogancia frente al puercoespín porque sabe su tamaño y fuerza; mientras que el puercoespín, siempre desconfiando, actúa a la defensiva. No se entienden porque están inmersos en un círculo de ignorancia y arrogancia mutua.

Davidow ha dicho que no hay un país en el mundo que tenga mayor impacto en la vida del estadounidense promedio que México. Lo que producen en sus fábricas y granjas, los precios de muchos productos y salarios, el idioma que enseñan en salones de clases, la demografía en algunas ciudades e incluso el aire y el agua, todo tiene una relación directa con lo que sucede en México. También las decisiones que se toman en Estados Unidos tienen enorme impacto en nuestro país.

A pesar de esta interdependencia y fuera de los reflectores y la hipocresía de una mayoría que trata de ser o parecer políticamente correcta, la realidad es que pocos entienden la trascendencia y el potencial que tiene la idea de Norteamérica. De ahí que no logremos una mayor integración que generaría beneficios extraordinarios para los tres países, incluyendo a Canadá. El enfoque está en todo lo que nos divide y no en lo que nos une.

La velocidad de los cambios que estamos experimentando y la incapacidad de muchos tomadores de decisiones están poniendo en evidencia el vacío y la crisis de liderazgo tan profundos prácticamente de todo el mundo. México y Estados Unidos no son la excepción.

Estos vacíos generan espacio para que posiciones radicales y propuestas demagogas echen raíz ahondando los problemas sin ofrecer soluciones realmente viables y sostenibles, acordes con el momento disruptivo que vivimos. Basta ver las opciones en la carrera por la Casa Blanca, desde Sanders y Hillary hasta Rubio, Cruz o Trump.

Los líderes que hoy ocupan las posiciones de mayor responsabilidad, además de estar abrumados por la cantidad de información, crisis y decisiones que deben tomar, están enfocados, algunos incluso obsesionados, con mantener a flote y a cualquier precio el sistema que está colapsando. No entienden que no entienden. El camino de la división es la ruta más directa al suicidio colectivo. La única forma de salir adelante es entender que todos somos uno. Por ahí se empieza a combatir la ignorancia y la arrogancia.

Twitter:@armando_regil