En Estados Unidos tienen una fascinación por el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera. Tanto, que tiene que venir a México la encargada de la seguridad interna de ese país a comparar a El Chapo con Bin Laden.

Y a pesar de que está claro que todos los sistemas de inteligencia de ese país son incapaces de encontrar al famoso narcotraficante, por no hablar de la incapacidad de la autoridad mexicana de detenerlo, resulta que hay una revista que es capaz de contarle los millones al delincuente.

Es probable que la poca movilidad de los primeros lugares de la lista de los hombres más ricos del planeta llevó a Forbes a buscar una manera de revitalizar su listado.

Y si son capaces de tener un ranking de los personajes de las caricaturas más ricos del mundo, pues entonces usando las mismas matemáticas pueden calcular la fortuna de los delincuentes más buscados del mundo.

De entrada, un asunto muy cuestionable de estas mediciones es el hecho de que en el caso de las fortunas lícitas toman el valor de mercado de las empresas que son públicas, lo que implica que hay una pulverización de sus acciones, por lo tanto de sus propietarios.

Y en el caso de la riqueza ilegal, Forbes debería conocer al menos la participación de mercado de un narcotraficante para calcular el promedio de ventas y deben al menos tener una noción de sus gastos fijos en armamento, corrupción y protección para determinar las utilidades.

Si tienen esta información, la DEA y la PGR están perdiendo el tiempo, porque hay un medio con datos fundamentales para entender la parte financiera del crimen.

Creo que esta medición puede ser más una lectura de charla de sobremesa que información para la toma de decisiones. Pero en fin, se sigue vendiendo muy bien en el resto de los medios.

Basta con ver los espacios que la nota del primer lugar de Carlos Slim o la prevalencia de El Chapo Guzmán en la lista han ganado en la radio, la televisión y en los periódicos. Es como la lluvia de encuestas a la que estamos sometidos en estos tiempos de intercampaña.

En menos de una semana podemos ver mediciones de opinión en los que los dos punteros tienen una diferencia de siete o 18 puntos, dependiendo la metodología de la encuesta.

Una medición que asigna a los indecisos hacia cualquiera de las opciones claro que hace que se abran los resultados entre uno y otro, pero es un ejercicio peligroso porque si son indecisos es porque, como diría el filósofo de Güémez, no se han decidido.

Claro que hay encuestas que vemos que ni el mejor sastre italiano podría confeccionar, por la precisión con la que están hechas a la medida de los que las mandan hacer.

Así que entre encuestas a la medida y listas de ricos hay que aprender a leer la información útil, divertirse con las listas diseñadas para entretener y desechar los datos mal intencionados.

LA PRIMERA PIEDRA

Ya no se llama iPad 3 quizá por temor de que le pase lo que a las películas de Tiburón, que la dos fue más mala que la uno y la tres fue insufrible. Ahora simplemente se llama la Nueva iPad.

Es un equipo de muy alta tecnología con un procesador de alto desempeño, batería de larga duración y una resolución de imagen que no hay pantalla de televisión que la tenga.

Pero su principal característica hace que la Nueva iPad sea por primera vez un producto no apto para el mercado mexicano.

Es muy lamentable ver que se empieza a abrir una brecha digital por la falta de capacidad de la infraestructura en este país.

La principal característica de la iPad es su movilidad y en el modelo más reciente se logra con una conexión 4G. O sea, acceso a Internet móvil de alta capacidad que es estándar en países como Estados Unidos.

Pero en México, la carretera para prestar este servicio, a pesar de existir, está en litigio.

Una empresa que ni picha ni cacha ni deja batear posee los derechos del espacio donde podría transitar esta tecnología 4G en México. Y la autoridad aparece un tanto tibia ante la presión que quieren ejercer para conservar un derecho muy mal utilizado.