Dos hechos surgidos esta semana que, en principio, nada tendrían que ver uno con el otro; los vincularé en esta ocasión porque creo que reflejan la difícil realidad que viven hoy dos sistemas de salud de dos países tan distintos como Estados Unidos y México, pero al mismo tiempo tan cercanos.

Por un lado, el inicio de este 2014 pareció extender la crisis del ObamaCare, que no termina de concretarse por completo. Ya aprobado y en vigor, el programa estelar del presidente Barack Obama ha estado impedido de caminar en forma correcta, ahora sencillamente porque el sitio web Healthcare.gov presentó fallas estructurales. Un problema técnico ha impedido a los estadounidenses acceder y navegar con fluidez para poder inscribirse, como hoy están obligados.

La empresa que construyó dicha página, CGI Federal, una subsidiaria de CGI Group, tuvo que luchar con diversos mensajes de error y baja velocidad de navegación durante semanas después de su lanzamiento. Estos problemas técnicos ya hacían vislumbrar otra crisis política para el gobierno de Obama, poniendo en peligro la puesta en marcha de su ley de salud que con tanta dificultad ha sacado adelante, al grado de que sus contrincantes, los legisladores republicanos, ya pedían su derogación.

En noviembre pasado, un desesperado Obama manifestó que él mismo deseaba arreglar el sitio con sus propias manos, pero aclaró: Yo no escribo códigos . Y es que el problema con el portal del Health Insurance Marketplace (mercado de seguros médicos) fue justamente que la tecnología con la que fue realizado no tenía la rapidez requerida para atender a millones e inscribirlos a la base de seguridad social, recopilar datos, calcular cantidades y tabular con precisión cuántos compradores pagaron sus primas para acceder a la cobertura sanitaria.

Al ser incapaz de proveer un soporte informático eficiente al programa para adquirir el seguro obligatorio de salud, el gobierno estadounidense decidió no renovar contrato con la compañía CGI Federal y decidió trabajar con la multinacional Accenture. David Moskovitz, director general de Accenture Federal Services, debe estar contento, pues ganó un contrato de decenas de millones de dólares, pero ahora tiene un reto frente a sí. Su equipo deberá prepararse para la inscripción abierta en octubre del 2014 incluyendo soporte las 24 horas del día, siete días a la semana, con la garantía de superar los errores actuales.

El objetivo en Estados Unidos es ampliar la cobertura de salud a 35 millones de estadounidenses no asegurados, incluidos los indocumentados.

Por otro lado, en México, el gobierno de Peña Nieto también está en esa búsqueda de cobertura universal, pero necesita primero que operen eficazmente las instituciones de salud pública. El foco del problema aquí es que cada una tiene situaciones tan divergentes; por ello, el reto justamente es homologarlas y lograr que compitan para que cualquier mexicano pueda recurrir a la que le quede más cerca sin importar si es IMSS, ISSSTE, Sedena, Pemex o Sector Salud federal.

La idea es ir hacia allá, para ello se requiere ir hacia la transparencia y reducir las fugas de recursos. El gobierno de Calderón lo vislumbró e hizo un primer esfuerzo con la comisión negociadora de precios para adquirir fármacos de patente, pero se topó con que la mayoría de estados eran gobernados por la oposición y no le entraron. Ahora la realidad es distinta.

El Presidente es del PRI y 21 estados son gobernados por el mismo partido. Debería ser más fácil ponerse de acuerdo, ¿no? Sin embargo, en la megacompra consolidada de fármacos sólo participaron cinco estados. ¿Qué pasó con los otros 16 del PRI? ¿No tendría que obligarlos Peña Nieto a unirse a la compra consolidada sobre todo si se trata de ahorrar recursos?

Twitter: @maribelrcoronel