No hay contradicción entre la mejora de la calificación crediticia que anunció Moody’s para la deuda mexicana y el desplome en la confianza de los consumidores de este país. Simplemente son dos noticias que coincidieron en el día de su publicación.

El México que ve Moody’s, y que tanto festina el gobierno federal, tiene que ver con una tierra prometida. Es el anticipo de lo que podría ocurrir de aquí a unos cinco años.

Mientras, la encuesta que elaboran de manera conjunta el Banco de México y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) entre los consumidores mide la vida de aquí a la próxima quincena.

La mayoría de los mexicanos no vive de hacer pronósticos económicos, pero sí resiente los efectos de la miscelánea fiscal propuesta por el Ejecutivo y aprobada por el Congreso a finales del año pasado. Sienten en carne propia los efectos de la desaceleración económica y ante esa realidad desconfían de lo que podría venir por delante.

Moody’s pondera las reformas constitucionales y presiona por las reformas secundarias presentes. Porque es un hecho, el que la deuda soberana mexicana y los bonos de largo plazo de este país tengan una calificación dentro del grado de inversión de las A obliga a concretar adecuadamente el camino emprendido hasta ahora.

Y no es sólo responsabilidad del Congreso sacar adelante estos cambios. Esta semana nos quedó claro que las leyes secundarias tienen un camino sinuoso antes de llegar a sus cámaras de origen.

Las leyes reglamentarias en materia de telecomunicaciones han desatado una guerra abierta entre los gigantes de ese sector, justo con todas las ganas de influir en las leyes secundarias. Y no es casualidad que en este momento de definición de los reglamentos energéticos se presente un cambio del tamaño del que se dio en la Comisión Federal de Electricidad. Las patadas bajo la mesa, pues, a todo lo que dan.

¿Puede usted imaginar las consecuencias financieras de no echar a andar las reformas estructurales ahora que el gobierno mexicano goza de la membresía del club de los mercados más recomendados?

La encuesta de la confianza de los consumidores es eso, una consulta de los sentimientos en un momento dado de los entrevistados. Ellos hablan del aquí y ahora. Si pagaron más por sus cocas y por su boleto del Metro y si no tuvieron un aumento salarial como en otros años de mayor bonanza, no pueden contestar nada diferente a un gesto pesimista.

Dicho sea de paso que los malos sentimientos de los consumidores refuerzan la confianza de mantener la inflación a la baja durante los meses por venir. Imposible pensar que ante la burbuja inflacionaria esto no arranque una muy discreta sonrisita a los banqueros centrales.

Como sea, es muy buena noticia la revaluación de Moody’s y es pésima noticia que la incipiente recuperación económica no cuente con la confianza de los consumidores.

Son dos noticias simultáneas que no son contradictorias. Simplemente reflejan la bipolaridad económica nacional de una fortaleza macroeconómica en ascenso contra una economía que tiene pocos elementos para crecer.

Al final, si Moody’s tiene razón, la confianza de los consumidores habrá de mejorar y los hogares habrán de elevar su propia calificación de credibilidad del país y su economía.