La llamada cuesta de enero, complicada económicamente en nuestro país, se vio más difícil por las vicisitudes del cambio de sexenio, así como por una situación mundial enredada y polarizante.

Las características liberales y de austeridad de Andrés Manuel López Obrador que sellan su estilo de gobernar fueron muy aceptadas por la población que lo inunda de selfis en los aviones y aeropuertos, a pesar de que en otros flancos recibió múltiples críticas.

El combate al robo de gasolina fue aprobado por “todos” los mexicanos; sin embargo, la estrategia aplicada derivó en escasez de combustible, causó malestar entre la población, que fue agravado por la incapacidad de los funcionarios para comunicarla plenamente.

En medio de la estrategia gubernamental, la explosión en Tlahuelilpan detonó fuertes críticas por la forma en la que el gobierno manejó la situación, la postura del gobierno de López Obrador de no castigar a los que participan en el robo de combustible bajo el argumento de que “roban por necesidad” fue la gota que derramó el vaso, dicha postura condena a miles de mexicanos a vivir fuera de la legalidad, ciudadanos incapaces de conducir sus vidas más allá de las dádivas públicas y siempre al margen del estado de derecho.

La adquisición directa de las pipas para la distribución del combustible fue también polémica para el gobierno federal, quien nunca explicó ni técnica, ni legalmente los detalles de la compra, a pesar del exhaustivo marco legal de las compras públicas.

La postura sobre Venezuela fue otro negro en el arroz, mientras el mundo condenó la permanencia de Nicolás Maduro al frente de esa nación, la cancillería decidió emplear la doctrina estrada invocando el derecho de los venezolanos a resolver sus problemas sin injerencia internacional. La ambigüedad del planteamiento fue percibido como un apoyo al dictador Maduro, hecho que aderezado con el apoyo de Estados Unidos de América al presidente interino Juan Guaidó, alimentó a los conspiracionistas. Más allá de la resolución del conflicto, la alineación del gobierno mexicano con China, Rusia, Irán, Bolivia y Corea del Norte resulta una mala referencia para la geopolítica mexicana.

Los mexicanos padecimos un mes de enero acostado. Si bien los detalles de liberalidad e integridad son aceptados por la población mexicana, el aparente desapego a la legalidad resulta preocupante. Querido lector, meses mejores se encuentran en el calendario mexicano.

Twitter: @ErosalesA

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.