El futuro se compra con el presente. Nuestro país resolvió políticas de importancia para el desarrollo. Son la reforma energética y la previsible inversión cuantiosa en infraestructura. Son procesos complejos y requieren de muchos recursos financieros.

En energía, la cuestión fundamental es obtener seguridad energética. Se trata de la disponibilidad de suministro suficiente para cubrir las necesidades del país a precios razonables.

Era evidente enfrentar el problema de Pemex: yacimientos que sólo tienen un horizonte de producción de nueve años, así como problemas operativos, financieros, administrativos y laborales.

La apertura a la inversión nacional y extranjera significará la llegada de recursos financieros y tecnología útil, congruente con las tendencias de integración, competencia y globalización, en las que México se encuentra inmerso. Hay empresas estatales exitosas en la industria energética mundial que son referencia para la operación de Pemex. Ellas se encuentran en Brasil,Canadá, Francia y Noruega.

En electricidad, la seguridad energética está asociada al suministro de energéticos primarios. Es el caso del carbón y del gas, en donde el país es importador neto. La Secretaría de Energía estima que para el próximo año la importancia del gas se elevará a 25% del consumo nacional. Para satisfacer los requerimientos de insumos se necesita la construcción de infraestructura y así tener el gas necesario para las centrales existentes.

En un contexto general para la seguridad energética, nada mejor que recordar la advertencia de Winston Churchill, cuando vio la vulnerabilidad de suministros de petróleo de Persia. Dijo: La seguridad y certidumbre en cuanto a petróleo dependen de la variedad de las fuentes .

En petróleo estamos rezagados como productores, con una infraestructura esclerótica. Con muchos focos de alarma. En electricidad se desarrolla la geotermia, la energía eolo-eléctrica, la solar, la reorganización de la controvertida planta nuclear de Laguna Verde. Pero con todo, las energías renovables sólo aportan una mínima parte de la matriz de oferta energética. La meta es que para el 2024, 35% de la electricidad se generé a partir de energías no fósiles. Meta ambiciosa y retadora.

En economía no hay milagros, hay decisiones. Por ello si se realizan las grandes inversiones en Pemex y CFE habrá más empleos, más ingresos fiscales y se dará contenido al concepto de seguridad energética.

La infraestructura en carreteras, aeropuerto y telefonía, entre otros, muestra actualmente un rezago en relación con su potencialidad. Ocupamos el lugar número 58 en relación con otros países, de acuerdo con el Foro Económico Mundial.

Para sustentar las políticas de desarrollo económico y social es pertinente ejecutar los programas de infraestructura del gobierno federal, pero sobre todo el eje detonador de ellos, el nuevo aeropuerto que se tiene contemplado para la ciudad de México, una obra que permitirá recibir aviones que transportan hasta 800 pasajeros, fundamental para el turismo y otras actividades económicas y sociales.

Derivado de estas transformaciones es previsible mayor crecimiento económico.