El evento en el Castillo de Chapultepec en el que se reunieron el presidente Felipe Calderón junto con el gabinete de seguridad y los representantes del Movimiento Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, estuvo marcado por palabras duras y recriminaciones, pero también por una actitud de apertura y mesura en ambos lados, lo cual permitió un diálogo inédito en la democracia mexicana.

En primer lugar, el encuentro significó un reconocimiento de las víctimas de la violencia en México, así como ciudadanos afectados por un conflicto en el que han quedado atrapados en medio de los delincuentes y las autoridades que los combaten.

A la mesa se sentaron padres, hijos, hermanos, familiares de personas muertas, heridas, secuestradas. Dar voz a los rostros de la violencia, víctimas con nombre y apellido, ha sido, sin duda, el logro indiscutible del movimiento de Sicilia.

Por el lado del gobierno federal hubo la inteligencia y la sensibilidad necesarias para participar en un evento sin guiones preparados. Se dice fácil, pero basta imaginar la improbabilidad de que un encuentro de esta naturaleza se diera en otras latitudes, bajo regímenes de cualquier signo o color. O en otras épocas en nuestro país.

Hace dos años se dio un primer antecedente, cuando Calderón sostuvo una reunión en Ciudad Juárez con familiares de jóvenes asesinados en una fiesta. El presidente escuchó reclamos y manifestaciones de indignación, en lo que fue un ejercicio más de catarsis para las víctimas que de diálogo con el gobierno.

En esta ocasión se dio un paso más en el ciclo de duelo público. Ante el perdón exigido al Presidente, la respuesta de Calderón fue clara: pidió disculpas por las muertes de inocentes, pero no por la ofensiva contra el crimen organizado.

Las posiciones son naturalmente opuestas e irreductibles. Calderón hizo una enfática defensa de su convicción como Jefe de Estado y Sicilia hizo lo propio como vocero de todos los agraviados y catalizador de todos los agravios. Pero más allá de las discrepancias, al reconocerse ambos legitimidad recíproca, se escucharon razones y argumentos y, más aún, se abrió el camino para que el encuentro se replique con todos los niveles y órdenes de gobierno.

Ciudadanos organizados frente a gobernadores, alcaldes, legisladores y jueces en un ejercicio de rendición de cuentas entre gobernante y gobernados sin precedente en nuestro país.

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