El poder judicial se verá inmerso en una encrucijada, al tiempo que deberá sentenciar a un empresario acusado de delincuencia organizada, evasor voluntario o involuntario, confiscar sus bienes y ser un espectador que verá pasar hacia la puerta de la libertad a los delincuentes amnistiados. Mientras ronda en el congreso una ley de amnistía que pondrá en libertad a un número determinado de delincuentes; por otro lado, se endurecen las leyes en contra de determinados grupos, empresarios, ciudadanos y abogados.

Por un lado, se negocia a placer condescendiente con la CNTE la reforma educativa, donde parece que se llevó carro completo; por otro, se fustiga a los empresarios de la industria farmacéutica, acusándolos de obtener negocios millonarios y ahogando al sector por la parálisis del órgano regulador la Cofepris o se eleva a rango de delincuencia organizada la evasión fiscal con el garrote latente de la extensión de dominio.

El gobierno de la república tiene mucha claridad en el trato que le merecen sus aliados, donde no hay claridad es en lo que tiene que hacer con aquellos que no simpatizan con su causa. algunos dirían que se trata de castigar a la gente de bien, otros dirán que es justicia para los desprotegidos. Lo cierto es que la reconciliación nacional no funciona con distinciones y condenas; hay empresarios que ganan dinero y cumplen con sus obligaciones y delincuentes que sí tuvieron otro camino.

Los caminos que recorre la Cuarta Transformación reclaman un árbitro imparcial que resuelva las diferencias entre los actores políticos y los grupos de interés, un árbitro eficaz que marque los límites a los abusos del poder para con los ciudadanos y se requiere de un poder judicial independiente que no sea seducido por el canto del poder. Insisto en que la transformación jurídica es más urgente que la transformación política y mire que lo político se encuentra bastante atrofiado por donde se le vea. Lo mismo es el tal Fernández Noroña, que el ingeniero Quadri.

Es la hora para la justicia, en México a los ministros, magistrados y jueces durante décadas no se les ha tocado ni con el pétalo de una amonestación. El ministro Zaldívar deberá poner a tono al poder judicial para saciar la enorme sed de justicia de los mexicanos, antes que se derrame el vaso es la última oportunidad. Hasta la próxima, querido lector.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.