Esta semana ha sido una de noticias muy trascendentes para la industria de las telecomunicaciones, algunas preocupantes. Empecemos con el encontronazo entre Estados Unidos y China por el caso Huawei. Estados Unidos acusa a la empresa de utilizar su tecnología para espiar a Occidente y sus aliados en beneficio del gobierno chino. Tanto Huawei como China lo niegan. Varios países de Europa, incluyendo Alemania y Reino Unido, han llegado a la conclusión de que no existe evidencia de que las acusaciones formuladas por el gobierno de Trump sean ciertas y, por ahora, permiten el desarrollo en su territorio de redes con tecnología china. En una escalada más de su guerra comercial con China, y quizá como parte de la misma estrategia, el gobierno de Trump incluyó la semana pasada a Huawei en su lista negra por supuestas razones de seguridad, lo que implica que personas y empresas estadounidenses requieren autorización de su gobierno para hacer negocios con Huawei. Inmediatamente, Google, propietaria del sistema operativo Android, que utilizan los teléfonos móviles Huawei, advirtió que se bloquearían actualizaciones y acceso a aplicaciones desde estos teléfonos. El golpe se sintió no sólo en la empresa china, sino en sus proveedores y competidores estadounidenses, como Qualcomm o Intel, que le suministran componentes y software, Alphabet, controladora de Google, y la propia Apple, fabricante del iPhone, que sufrieron fuertes caídas en el valor de sus acciones, unas por el impacto en sus ingresos que puede representar la pérdida de un cliente del tamaño de Huawei y otras ante la eventual restricción de acceso al mercado chino como represalia. Ante esto, Trump movió otra ficha y pospuso por 90 días las sanciones contra Huawei. China ha sido, como siempre, cauta y fría. Sabe que Trump golpea para medir al adversario y recula cuando sus acciones complican sus planes de reelección. No cabe duda de que en el corto plazo los negocios de Huawei se verán afectados, pero China nunca ha tenido una mirada de corto plazo. Antes de que Google, Qualcomm o Intel puedan reaccionar, Huawei tendrá ya proveedores sustitutos o bien desarrollará su propia cadena de suministro y un sistema operativo para teléfonos móviles que hará arrepentirse a Estados Unidos. Desafortunadamente, una nueva guerra fría económica es previsible y México deberá tomar partido. Nos guste o no.

En otra noticia, el fin de semana nos enteramos de que el presidente López Obrador no pudo hablar con el presidente de Estados Unidos porque en La Chingada no hay buena recepción celular. Tal vez no había hecho su recarga en el Oxxo. ¡Pésimo servicio! Lo único cierto es que el jefe del Estado mexicano debería tener una conexión 24/7, aunque sea con tecnología militar israelí. La imposibilidad de hablar con Trump reforzó la idea del presidente en el sentido de que ya que las empresas privadas no quieren llevar servicios a la selva, a los desiertos o a la sierra, será la CFE la que habrá de conectar hasta el rancho más lejano con sus 50,000 km de fibra óptica. Nadie se atreve a decirle, porque se enoja, que la CFE no llega al rancho más lejano, que no tiene 50,000 km de fibra óptica, y que hay otras tecnologías más eficientes y baratas para eso, como la satelital. Las empresas neoliberales dicen que ellas le entran, si el gobierno deja de exprimirlas con el pago de derechos por emitir luz.

Por último, resulta que, con gallardía, la SHCP llegó a un acuerdo con Uber, Rappi, Cornershop, Sin Delantal y otras empresas digitales de transporte o distribución de alimentos, para que retengan a los “socios” de las bicicletas 8% por concepto de IVA y de 3 a 9% por ISR. Yo, que soy un hombre de poca fe, me pregunto si no hubiera sido mejor cobrarle el IVA y el ISR completo a todas las empresas digitales con fuente de riqueza en México, en lugar de simular que el tema de la tributación de los gigantes tecnológicos se resuelve quitándoles a los choferes y repartidores una tajada de lo poco que ganan. O no, ¿Robin Hood de la 4T?

GerardoSoria

Presidente del IDET

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Abogado especialista en sectores regulados. Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones (IDET). Doctorando en letras modernas en la UIA.