Tal parece que los retos que trae el Año del Dragón par la economía china han sensibilizado a Beijing, que ahora entienden que es posible que durante siglos se mantuvieran aislados del mundo, pero hoy la situación ha cambiado.

Cuando iniciaban los planes de rescate para la unidad monetaria europea, desde los países en problemas se escuchó la voz desesperada de los que pedían el salvavidas chino en el entendido de que si alguien tiene una enorme liquidez en estos tiempos -y, por lo tanto, la posibilidad de ayudar a un país o un continente a salir de su crisis-, ése sin duda es China.

Con Estados Unidos anulado en su carácter de rescatador mundial, los asiáticos eran vistos como la última esperanza.

Pero desde China llegó primero un entusiasmo inicial que después se fue apagando quizá por un sentimiento de autosuficiencia y de rescatar quizá a una profundidad mayor a los que ahora tienen problemas.

Pero el gran país asiático que hoy es la segunda economía del mundo se ha dado cuenta que la Gran Muralla China es hoy un mero atractivo turístico que ya no sirve para mantener a los extraños alejados.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) le hizo saber hace unos días al gobierno de Beijing que la crisis de deuda y la gran depresión europea tienen un efecto directo e inmediato en su propia economía.

El pronóstico desgarrador del FMI adelantaba una caída este año a la mitad del PIB Bruto de China o, lo que es lo mismo, aspirar a un crecimiento de 5% en el mejor de los casos, tras la caída europea.

Y es que China hizo de Europa a su principal cliente ante el bajo poder adquisitivo de los países emergentes y la guerra comercial de baja intensidad que mantiene con Estados Unidos.

Así que Europa recibió las manufacturas asiáticas con una enorme naturalidad.

Una caída de su ritmo de expansión económica dejaría al descubierto enormes desequilibrios fiscales en las finanzas chinas que, al no ser cubiertas por la impresionante tasa de crecimiento cercana a los dos dígitos, implicaría medidas de austeridad impensables por el Partido Comunista en estos tiempos de crecimiento descomunal.

Entonces, ya con eso en mente, ahora sí quieren ayudar -y con mucho gusto- a los europeos a que no caigan en esa crisis apocalíptica que es sin duda una posibilidad. Los políticos chinos iniciaron muy activos la semana, negociando con el mundo la forma de ser parte de la solución.

Por una parte, el primer ministro, Wen Jiabao, recibió en su territorio a las autoridades monetarias a las que les dijo que buscará una comunicación más estrecha para intensificar la cooperación financiera.

Para naciones como Italia, Grecia o hasta España es más conveniente una capitalización china, aunque sea de forma indirecta, vía el FMI, que andar regateando a punta de gritos alemanes los pocos recursos que se pueden generar dentro de la misma Unión Europea.

Y para China, cuidar su principal mercado de descarga comercial es básico para mantener el crecimiento y, con él, la estabilidad política interna.

El otro frente donde los chinos se mantienen activos es en Estados Unidos. Como sea, es la economía más poderosa del mundo, además de ser número uno en otros tantos rubros como el militar.

Por eso es que hasta Washington llegó Xi Jinping, vicepresidente chino y, sobre todo, prácticamente el siguiente dirigente de ese país.

En su portafolios el asiático se lleva toda clase de reclamos estadounidenses, desde los temas relacionados con la falta de respeto a los derechos humanos que siempre acompañarán la agenda de la Casa Blanca, hasta el serio problema de la subvaluación del yuan.

Corea del Norte, Irán y Siria, infaltables en la agenda bilateral. En fin, todos los temas que necesariamente tiene que palomear el presidente Obama ante su opinión pública.

Pero sobre todo, los chinos quieren saber qué pueden hacer el número uno y el número dos para evitar una catástrofe financiera europea.

China, pues, está ya convencida de que tiene que ser hoy parte de la solución de la crisis europea o, de lo contrario, cuando esa importante parte del mundo se desgaje, el alud inevitablemente arrastrará a todos, incluidos ellos mismos.

Y si algo les sobra es dinero. Y no sé si sea un proverbio chino, pero dicen que los bienes se hacen para remediar los males y los asiáticos ahora sí van a sacar la cartera.

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