Tras las declaraciones de Bernanke en Jackson Hole, el mercado tiene descontado a 100% que la Fed anunciará una ronda de inyecciones de liquidez.

El mercado también anticipa que la Fed prolongue su compromiso de mantener la tasa de interés de referencia de corto plazo en el nivel actual.

Después de dos días de discusión, hoy se dará a conocer la muy anticipada decisión de política monetaria del Comité de Mercado Abierto de la Fed. Después de las declaraciones de Ben Bernanke, presidente del Consejo de la Fed, a finales del mes pasado en el simposio de Jackson Hole, el mercado tiene prácticamente descontado a 100% que la Fed anunciará una tercera ronda de inyecciones masivas de liquidez.

El nuevo programa de estímulos, comúnmente denominada en el mercado como QE3 (del inglés Quantitative Easing), seguramente, estará destinado a la compra de bonos del Tesoro de mediano y largo plazos y bonos respaldados por hipotecas. Asimismo, el mercado también anticipa que la Fed prolongue su compromiso de mantener la tasa de interés de referencia de corto plazo en el nivel actual –prácticamente, cero– del 2014 hasta finales del 2015.

Justo antes de la intervención de Bernanke en Jackson Hole, mencionamos en este espacio que la Fed podría diferir la implementación de un nuevo programa de estímulos monetarios hasta su reunión de noviembre, como sucedió en el 2010.

En el 2010, Bernanke utilizó el simposio de Jackson Hole para anunciar que la Fed estaba dispuesta a tomar medidas no convencionales para estimular la economía en caso de ser necesario.

Este anuncio fue el preámbulo de la segunda ronda de inyecciones de liquidez de la Fed, ahora conocida como QE2. Sin embargo, la Fed decidió diferir el anuncio hasta su reunión de noviembre de ese año.

Nuestro argumento hace un par de semanas era que el debate sobre la decisión de embarcarse en un QE3 en el Comité de Mercado Abierto de la Fed se había intensificado ante las buenas señales provenientes del mercado residencial en EU.

Sin embargo, los débiles datos de empleo publicados la semana pasada podrían ser definitivos en la decisión de la Fed para no esperar hasta noviembre y actuar ahora. Si bien la tasa de desempleo disminuyo de 8.3 a 8.1%, esto se debió a una disminución temporal en el número de personas buscando trabajo y no en una mejoría en la creación de empleo, que continúa debilitándose.

Aunque la economía estadounidense no está en recesión y el empleo lleva 30 meses consecutivos de mejoría, el ritmo de la recuperación económica y, sobre todo, del trabajo son aún muy mediocres.

A pesar de la mejoría en algunos indicadores en el sector residencial, la recuperación en EU sigue siendo inconsistente, dispareja y vulnerable.

A esto sumemos que la economía global se encuentra en una situación más complicada que hace un par de años, Europa está en una recesión que amenaza con ser profunda y prolongada y el mundo emergente atraviesa el periodo de desaceleración más marcado desde la crisis del 2009.

Ante esta situación, el mercado está apostando de manera descarada a que la Fed no tiene otra opción más que cumplir con la expectativa de salir a imprimir más dinero para recomprar bonos y mantener las tasas de largo plazo en mínimos históricos.

Como hemos mencionado en este espacio, los peores enemigos de la Fed en este momento son el desempleo y el fantasma de la deflación.

La Fed sabe que las inyecciones de liquidez tendrán un impacto limitado en la formación de los precios de los bienes de consumo y los servicios, pero está muy consiente de que la gran ola de liquidez que ha creado sí tiene un impacto significativo e inmediato en el precio de los activos financieros.

A pesar del delicado estado de salud de la economía global, los mercados financieros se encuentran en máximos históricos, impulsados por la inundación de liquidez creada por los principales bancos centrales del planeta.

Como hemos mencionado en este espacio, el fuerte repunte de los mercados es cada vez más dependiente de la liquidez y las expectativas de mayor liquidez creadas por los bancos centrales.

Hasta ahora, el viejo adagio que dice Don’t Fight the Fed está más vigente que nunca.

A pesar de la fortaleza del rally en los mercados, su desempeño es altamente vulnerable a una desilusión si los bancos centrales no siguen cumpliendo con la expectativa de mayores medidas de estímulo, medidas que cada vez tienen un efecto más limitado en la economía real.

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