La tradición de asilo político en nuestro país es clave para entender la intelligentsia mexicana. Las familias de refugiados —españoles, cubanos, venezolanos, chilenos, argentinos, rusos, árabes, judíos, etcétera— que han desembarcado en nuestro país han sido semilleros de reflexiones políticas y culturales que han marcado nuestra historia.

En este contexto, podemos esperar que las ideas bolivianas estén cada vez más de moda en el país. Desde la perspectiva cultural, es maravilloso. No queda la menor duda que la incorporación de nuevos personajes a nuestros planos de producción cultural no pueden más que enriquecer nuestras ideas.

Desde la perspectiva económica, justo donde el grupo de Evo Morales puede tener mayor ascendencia dentro de los círculos gobernantes por algunos de sus resultados, es preocupante. Desde la perspectiva petrolera, de hecho, es francamente alarmante. El equipo de Evo Morales, como anticipé hace unos meses, cae más que en blandito con el Senador Armando Guadiana, quien dirige la Comisión de Energía del Senado. En días recientes, de hecho, sus partidarios en el Senado habían estado presumiendo sus contactos con los líderes energéticos de Bolivia y sus planes para introducir estos conceptos en las discusiones de la esfera pública mexicana, como si el modelo energético boliviano fuera un ejemplo a seguir.

Es preocupante. Querer seguir el modelo boliviano por sus resultados en gas a principios de la década es como querer seguir el modelo mexicano por sus resultados petroleros en Cantarell a finales de siglo. Ambos produjeron muchos hidrocarburos, sí. Ambos atrajeron la atención y el comentario internacional, sí. Ambos volvieron a sus países relevantes en la conversación energética internacional, también.

Pero, con el tiempo, ambos se volvieron el talón de Aquiles de modelos económicos que, juzgando por otras medidas, sectores e indicadores, podrían ser considerados exitosos. En el caso de Bolivia, su marcada subinversión y fracasos exploratorios terminaron por ordeñar la vaca (¿o matar a la gallina de los huevos de oro?), que hoy va derechito a una crisis, con reservas de gas que han ido en picada. En lo que va de la década, sus reservas se desplomaron de 26.5 billones de pies cúbicos diarios (TCF) a menos de la mitad: 10.7 TCF. Bolivia sigue teniendo muchos recursos prospectivos. Pero, igual que México, sus capacidades para convertirlas en reservas y barriles producidos en un contexto poco abierto ha sido insuficiente.

Es irónico que, mientras las nuevas políticas de nuestro sector petrolero empiezan a atraer críticas de organismos tan importantes como el Fondo Monetario Internacional (FMI) por ralentizar e inhibir la apertura, coqueteemos con la idea de adoptar un modelo energético reprobado por el FMI por justamente toda la incertidumbre jurídica que generó y la inversión que innecesariamente ahuyentó. La problemática llegó al grado de que, aun cuando la administración de Morales recapacitó, le estuvo costando mucho trabajo atraer la desesperadamente necesaria inversión. Ojalá que México evite ese destino.

Es inevitable que, mientras la clase gobernante mexicana adopta a Evo, también adopte muchas de sus ideas. Ojalá que en energía nos demos cuenta que lo que tenemos que entender es la moraleja de su historia, no su modelo.

@pzarater

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell