A mí, personalmente, nunca me gustaron los sucesos en Venezuela de los últimos años: la Revolución Bolivariana, el chavismo y la enorme confrontación social que generaron y que llevaron a ese país a una profundísima crisis social y económica. El problema es que la necesaria lucha por la equidad, en uno de los países campeones en materia de desigualdad, no se dio por medio de un proyecto que respetara las instituciones democráticas liberales y el pluralismo. Otros proyectos sudamericanos en pro de la igualdad, como Brasil, Uruguay, Chile, Bolivia y Ecuador, pudieron haber tenido distintos niveles de éxito o fracaso, pero respetaron la vida democrática.

Hoy, México experimenta una transformación que busca mayor equidad social, en el marco de las instituciones democráticas que se consolidaron en los últimos años. Ese gobierno —el mexicano, junto con Uruguay, además de España y Portugal— se pronuncia por no desconocer a un gobierno, sino por construir espacios de diálogo que permitan a ese país salir de la situación en la que vive. Esa postura es la coherente con la tradición diplomática mexicana y con la responsabilidad de nuestro país, una nación referente para el resto de América Latina.

México no puede caer en lo que hoy hace el gobierno de Estados Unidos, que es promover una guerra civil en otro país del continente. ésa es la agenda de Trump que alienta un conflicto interno para poder intervenir después. El presidente estadounidense dice que todas las opciones están sobre la mesa para intervenir en Venezuela, sus amenazas suenan al discurso que se utilizó para justificar acciones como la de Irak.

Ésa es la agenda de Bolsonaro que pretende apoderarse de la política exterior del sur del continente. Trump y Bolsonaro juegan, de manera irresponsable, a ganar apoyos locales para sus proyectos políticos, a costa de alentar el conflicto armado interno en otro país. La apuesta de México, en cambio, no es la inacción o el mero aislacionismo, sino que busca posicionarse como un potencial mediador para encontrar una salida pacífica. Eso tampoco es muy distinto con la postura de otros actores internacionales serios, como la Unión Europea, que pidió la salida del conflicto por medio de procesos democráticos.

Lo que está en juego no es la opinión sobre un proyecto de gobierno de un país o tomar postura sobre alguna de las partes de gobierno, lo urgente es evitar que, en un país tan cercano en todos los sentidos, se lleve a cabo una guerra civil, es por eso que la postura correcta es trabajar para ser el mediador, tal y como lo hace el actual gobierno mexicano.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.