En términos de Monreal, López Obrador había prometido que el recorte de personal sólo afectaría a mandos altos, pero no ha sido así...

Con toda sinceridad, causa de gran sorpresa fue para mí la misiva que en defensa de los despedidos del sector público durante la administración de la llamada 4T que envió el senador Ricardo Monreal al secretario de Hacienda, Urzúa. El tema no es de importancia menor, ya que, según noticias, han sido destituidos más de 11,000 empleados en 17 secretarías de Estado, Presidencia y el SAT.

Lo primero que cabe destacar de tan preocupante embestida es el incumplimiento de promesas. En términos del oficio de Monreal, en un principio el presidente López Obrador había prometido que el recorte de personal sólo afectaría a mandos altos, o sea, a funcionarios que percibían ingresos elevados. Pero la experiencia ha confirmado otra cosa: la 4T ha llegado como segadora de carro completo, afectando a muchos empleados de confianza de nivel modesto y a eventuales, que también tienen familia que alimentar.

Y el segundo aspecto a destacar es el descuido en las formas e incluso la ilegalidad. En muchos casos simplemente se les dijo a los despedidos “regálame tu renuncia” o incluso “el mero día llegaban acompañados con dos de seguridad y les presentaban para firma el escrito de separación”. Pero también se sabe de casos en que los despedidos fueron amenazados, acompañada la amenaza con la intención de ahorrarse la indemnización. Yo en sus zapatos les hubiera dicho: córranme, pero denme mi liquidación.

La justificación oficial para ese proyecto de despidos masivos es supuestamente el de la austeridad republicana. Pero con buen juicio, un exfuncionario me hace ver otras omisiones flagrantes. Entre ellas, la falta de un diagnóstico explícito con el enunciado de sus costos y beneficios, pero, a diferencia, no hay nada de esa racionalidad. Todo parece emanar de la discrecionalidad, de las ocurrencias a priori, con desdén completo de los méritos laborales, de la funcionalidad de las dependencias. Uno de los despedidos reveló: “con mentiras dijeron que yo estaba renunciado”.

Y desde luego, el caso presenta sus facetas políticas. Muchos de esos despedidos sencillamente lo fueron para ofrecer sus puestos a amigos o a simpatizantes de Morena. Y a ello cabe añadir, los desengañados y traicionados. Uno de esos despedidos del sector público, víctima de la guadaña de la 4T, explicó con realismo: “voté por un cambio, pero el amiguismo y el compadrazgo siguen enraizados”.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico