No saldré yo en defensa del presidente Donald Trump, no se equivoquen. Lo que haré, por considerarlo de vital importancia para lo que sucedió este miércoles en la Cámara de Representantes, es registrar los argumentos que usaron algunos de los republicanos más entusiastas de su defensa. No fueron pocos, ni fueron tontos. 

Los más simples cuestionaban el doble rasero de los demócratas, enlistaban las virtudes gubernamentales de su presidente (como si una virtud impidiera un delito) o se alineaban con el discurso que hace del poderoso y millonario presidente una vulnerable víctima indefensa, desvalida y frágil que debe ser protegida. 

Pero no todos los defensores fueron así de simples. Hubo algunos encendidos discursos con argumentos atendibles, y cuando son atendibles, se deben desmenuzar pues no hay nada más peligroso que cerrar los ojos y tapar los oídos a quienes con inteligencia tienen un punto de vista distinto al nuestro. 

Estos son los tres argumentos más interesantes de quienes defendieron a Donald Trump ante el juicio político por poner en peligro la transición pacífica del titular del poder. 

1. La celeridad del juicio. A diferencia del juicio anterior, en el que se le acusaba de haberse beneficiado de la intervención de Rusia en las elecciones norteamericanas, en este no se instaló una comisión de defensa, no se escucharon alegatos ni se le dio derecho de audiencia. No hubo investigación ni testigos. Los demócratas aseguraron que esta no es una acusación que requiera pruebas ni testigos pues las pruebas y los testigos fueron ellos. Lo escucharon a él y vivieron la toma del Capitolio. Fue agarrado con las manos en la masa. ¿Tienen razón? 

2. Las consecuencias para la libertad política. Todos los republicanos censuraron el discurso de Trump previo a la irrupción violenta en el Capitolio pero hubo algunos que cuestionaron que ese discurso haya sido la causa directa de esa violencia. 

Trump, dice esta defensa, habló como un líder político ante sus seguidores, pero no llevó la antorcha y que un grupo de lunáticos (el adjetivo es de ellos) haya convertido en delito un discurso político no tiene por qué achacarse al Presidente. Si eso se hace, argumentaron, a partir de ahora los efectos no deseados no buscados o no adjudicables a cualquier político o líder norteamericano serán su responsabilidad y eso significa que a partir de ahora se criminalizan los discursos políticos. ¿Tienen razón?

3. Las consecuencias para la nueva etapa política. Enjuiciar a Donald Trump aprovechando la mayoría de canicas es un acto que puede ser leído como venganza por una parte de la sociedad que lo sigue y lo quiere y no está de acuerdo con las ideas del Presidente electo. Gente, dicen los republicanos, que está asustada porque ya no será protegida de la migración, el desempleo y la guerra. 

Enjuiciar a Trump es declararles la guerra a esas personas, en lugar de iniciar el proceso de reconciliación política anunciado por Joe Biden. ¿Tienen razón?

La última defensa fue quizá la que más perturbó en la sala, pero ante ese argumento, atendible, respondieron los demócratas que la reconciliación no implica impunidad, que la reconciliación pasa por poner un alto a quienes creen que impulsar la insurrección y la violencia forma parte de su libertad. 

Al final, ganaron los argumentos demócratas (bueno, en realidad ganaron porque tenían más votos para empujarlos), a saber: la insurrección es imperdonable, el juicio es expedito porque fue in fraganti, la transición democrática de poderes no puede ponerse nunca en entredicho, la reconciliación está en riesgo si se permite la instigación, Trump fue directamente responsable de la toma del Capitolio y el juicio no es contra una persona o un partido sino contra la villanía de poner en peligro la transición del poder.

Los demócratas tienen razón, pero los tres argumentos republicanos en defensa de Trump, aludiendo al proceso, a la duda sobre el efecto de un discurso y a la división nacional no deben menospreciarse.  Deben atenderse con mucho cuidado en los próximos meses, no para defender a un político, sino para desactivar los riesgos a los que aluden, atendiblemente, los republicanos. 

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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