Hemos pasado meses discutiendo y observando con cierto terror las malas decisiones en el manejo de la pandemia. El manejo cotidiano ha sido errático y tardío. La información ha sido confusa, contradictoria y con actitudes en la práctica contrarias a lo que se predica en las noches de Gatell.

Además, hemos visto a un presidente pontificante hasta el ridículo de su decálogo y, en el fondo, irresponsable con los tiempos, las actitudes y molesto por el significado y las consecuencias de una realidad –la pandemia– que nadie pidió.

Político habilidoso, decidió responsabilizar a los estados de una política que por necesidad debe ser federal. No es posible tener, como se ha sugerido en las últimas semanas, a un municipio en verde y al vecino en rojo, sin que eso no tenga consecuencias. El tránsito y las comunicaciones hacen imposible que no se privilegie una política federal, además de dejar a gobernadores y presidentes municipales la responsabilidad, casi a ciegas, de que con sus propios números y criterios enfrenten un compromiso que involucra a la federación y a una política que debe estar coordinada a nivel nacional.

Pongo un ejemplo de mi experiencia de dos meses y medio. La ciudad de Puerto Escondido en Oaxaca, es la unión de dos municipios Santa María Colotepec y San Pedro Mixtepec divididos por una calle y cuyas cabeceras municipales están a considerable distancia.

Las necesidades turísticas de esta ciudad son muy distintas de lo que pasa en el resto de sus territorios. El municipio de San Pedro es de régimen constitucional. El municipio de Santa María, de usos y costumbres. Parece un asunto menor, pero no lo es. La comunidad de San Pedro está ceñido a reglas, órdenes de ley y procesamiento de sus decisiones obligados a la legislación estatal y, por lo tanto, a lo que dicte el consejo federal de salubridad. En cambio, Santa María se rige por decisiones comunitarias y se privilegia lo que la comunidad dicte de manera cotidiana.

No es claro, si la diferencia en la cotidiana toma de decisiones sea significativo para el resultado de los números en materia de contagio y muertes, pero hasta ahora, el municipio con reglas constitucionales tiene 15 casos documentados de contagio y 3 muertes; mientras que el de usos y costumbres, tiene 3 casos y un fallecimiento. Insisto en la realidad: “la sana distancia” entre municipios son una calle y, paradójicamente, un monumento a Benito Juárez.

Sin embargo, existe una diferencia radical: la consciencia de comunidad y cuidado mutuo es ostensiblemente más fuerte en el municipio de usos y costumbres y mucho más relajada en el constitucional, una de las variables o que podría dar por resultado la diferencia en contagios y cuidados colectivos.

No me parece que puedan sacarse conclusiones definitivas con este ejemplo, pero muestra la importancia de mantener la política de salubridad a nivel federal y no trasladar la responsabilidad a estados y municipios. Políticas que, aterrizadas, encuentran su perspectiva general en fronteras territoriales muy acotadas. Una pandemia como la que estamos sufriendo, no puede tener un referente acotado, ni el abandono irresponsable del gobierno federal. Requiere de una visión nacional e internacional de sus efectos y consecuencias. Otra raya al tigre (¡qué importa si ya es pantera!) de la ineptitud de la 4T. Ya se verá.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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