Cuando se habla de empresas responsables hemos de preguntarnos: ¿cómo es que una empresa puede ser responsable? Un sujeto responsable es capaz de responder moralmente, cualidad exclusiva de las personas. ¿Acaso una empresa decide o piensa? Una empresa no tiene conciencia, por lo que no es un ente moral ni inmoral, sino amoral, por lo que puede ser usado para algo bueno o algo malo, según se prefiera.

¿Tanto discurso sobre la empresa responsable es acaso un diálogo vacío? ¿Se debería de hablar de empresarios responsables en lugar de empresas?

A este dilema me enfrenté al elegir mi tesis doctoral. Sabía, intuitivamente, que es lícito hablar de una empresa ética, pero si quería continuar con mi investigación tendría que demostrar que en rigor puede llamarse responsable o ética a una empresa sin emplear un lenguaje metafórico o por analogía.

Resulta evidente que una empresa no se reduce a la suma de sus activos, ni a una marca comercial o un acta notarial. Una empresa es una comunidad humana de trabajo con ciertos rasgos esenciales que la caracterizan.

En términos generales, lo esencial en cualquier empresa es crear valor económico mediante relaciones de cooperación e intercambio entre cinco actores concretos, porque cinco son las cuentas del estado de resultados, el informe contable que registra todos los intercambios realizados dentro de un periodo determinado.

Dichos actores no son los denominados stakeholders, tan en boga, que se extienden hasta el infinito porque abarcan cualquier persona o grupo que influya en la empresa, o en los que esta influye también. Algunos especialistas incluyen dentro de los stakeholders hasta al medio ambiente, o a las comunidades del futuro.

Prefiero hablar de cinco “participantes” que colaboran en la creación de valor y su distribución: (1) los clientes que generan las ventas; (2) los proveedores, cuya actividad se registra como costo de ventas; (3) el personal, que forma parte de los gastos de operación; (4) el gobierno, que administra los tributos en beneficio de la comunidad política; (5) los propietarios, que aspiran a obtener beneficios después de impuestos.

En rigor, una empresa puede ser llamada ética o responsable porque quienes la integran entablan entre sí relaciones que cobran una dinámica colectiva propia, independientemente de que los individuos permanezcan o desaparezcan. En otras palabras, las personas tienen la capacidad de imprimir en las organizaciones un espíritu colectivo que las trasciende en tanto individuos.

Esto significa que, conforme las empresas crecen y se institucionalizan, van formando cierto espíritu propio al que se llama “cultura”, conformada principalmente por ciertos valores compartidos. En realidad dicho espíritu es consecuencia, también, de sus estructuras y de otros factores tanto internos como externos.

Según haya sido constituida y dirigida, la empresa desarrollará cierto carácter y un espíritu propio al que se le puede llamar, con todo rigor, responsable o no, de la misma manera en que podemos hablar del espíritu disciplinado del pueblo alemán.

Desde luego, para llegar a esta conclusión fue necesario construir un andamiaje conceptual algo más complejo, que rebasa los límites de este artículo.

*El autor es profesor del área académica de Factor Humano de IPADE Business School.