Las fuerzas del proteccionismo son poderosas. Entre sus impulsores se cuentan los empresarios o, tal vez, únicamente los empresarios improductivos temerosos de la competencia externa , quienes mediante su demanda de protección comercial defienden intereses creados en perjuicio del bienestar general.

En un muy valiente discurso pronunciado ayer en Los Cabos por Pascal Lamy, presidente de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tan importante funcionario internacional hizo la denuncia del fenómeno descrito. Según Lamy, cuando habla con los gobernantes y los ministros, éstos le contestan que tienen mucha presión de los negocios para crear nuevas medidas proteccionistas .

Y lo peor es que esas presiones parecen surtir efecto. El organismo Global Trade Alert, cuya misión es detectar la aplicación de acciones proteccionistas, informó que el promedio semestral de ese tipo de medidas en los países del G-20 se había elevado 28.4%, pasando de 334 de noviembre del 2008, a 429 el mismo mes de1 2011, en el semestre que concluyó en mayo del 2012.

Sorprende constatar cómo el proteccionismo goza de tan buena prensa y cuenta con tantos simpatizantes. Los resabios mercantilistas están enraizados con profundidad en la mente colectiva, creando un prejuicio monstruoso. Así, existe en la educación pública un muy amplio déficit informativo considerable respecto de los daños que causa el proteccionismo al bienestar de las familias.

En la mesa de las familias, el proteccionismo se concreta en precios más elevados para los bienes que consumen, menor calidad de esos satisfactores y un menú con menos variedad para elegir. Asimismo, aunque en forma menos evidente, el proteccionismo induce a una asignación poco racional de los factores productivos, conduciendo a un nivel más bajo de producción y de productividad que el que se obtendría en un ambiente de apertura. En suma, la apertura comercial tiene que ver con el bienestar de las mayorías. Corresponde a los gobiernos, por tanto, la lucha contra el proteccionismo, tanto en el orden retórico como en el campo de los hechos.

Por lo anterior, es de aplaudirse la moción de Pascal Lamy lanzada ante el G-20 pidiendo a los líderes en ese foro: Gastar un poco de su energía política para proponer acciones claras en favor del comercio internacional . Convocó Lamy con autoridad: Hay que ser pragmáticos para llegar a consensos. Podemos progresar en la apertura comercial avanzada paso a paso, en vez de hacerlo en un gran paquete .

bdonatello@eleconomista.com.mx