Para que haya crecimiento tiene que cerrarse el círculo de la confianza. Esto se consigue con hechos, no con exageraciones.

Algo que le falta a esta economía, para que inicie ya un proceso de recuperación y crecimiento que podría durar muchos años, es confianza.

La actitud de los consumidores y de los inversionistas es de un profundo pesimismo que no corresponde con lo que, por ejemplo, están viendo los analistas.

Es lógico que los que compran y los que invierten tengan una percepción influenciada por lo que hasta ahora han vivido. Si pasaron un 2013 de la patada, no pueden ponerse muy contentos. Si inician el año con incrementos fuertes en los impuestos, con aumentos de precios al transporte como el de 70% recetado al Metro por el gobierno de Miguel Ángel Mancera, obviamente ven el mundo con ese cristal.

En sentido contrario del sentimiento de los consumidores o de los niveles de gasto e inversión, los analistas coinciden en que la economía mexicana podría crecer al menos 3% este año. Pero para que esto suceda tiene que cerrarse el círculo virtuoso de la confianza.

Y esa confianza se consigue con hechos, no con exageraciones. Desafortunadamente, las cifras estadísticas que sirven para proyectar una realidad también pueden ser utilizadas para exagerar y todo sin decir una sola mentira.

Fueron tan malos casi todos los indicadores del 2013 que dejan una base muy pegada al piso, incluso algunos indicadores por debajo de cero, para que las comparaciones puedan ser espectaculares.

En la medida que empecemos a tener resultados favorables este año, el gobierno federal y sus voceros caerán en la tentación de presentar los resultados positivos como un logro del gobierno de Peña Nieto, como una especie de refrendo de la portada de Time, que avalen aquello de salvar a México.

Pero no, un efecto estadístico de incremento que pinte un resultado porcentual alto debería ser presentado con justicia y prudencia y marcar, eso sí, que la economía está en un camino correcto.

Para fortuna de este país existe un Instituto Nacional de Estadística y Geografía autónomo que se ha ganado el respeto por su trabajo, que tiene un calendario de publicación de los datos macroeconómicos fundamentales. Eso evita lo que sucedió durante tanto tiempo, que los datos malos se daban a conocer el sábado en la noche y los buenos en el horario estelar de la televisión.

Eso no impide que un buen dato se adelante por parte de los funcionarios públicos y uno malo se minimice en un discurso.

Tal parece que la temporada de la euforia de las cifras alegres se abre con el dato del ejercicio del gasto público durante enero. Un aumento de este rubro de 10%, en comparación con el mismo mes del año pasado, no hace sino confirmar que el gobierno, que en ese entonces llegaba, congeló su obligación de meter dinero a la economía.

Hay dudas todavía de la velocidad de la recuperación al inicio del año, es razonable. Pero también hay un evidente cambio en las tendencias. Sin exagerar, se puede lograr mayor confianza en la tendencia alcista y mejor percepción de las autoridades federales.