Habían anunciado su presentación para el viernes 8, pero después de dos postergaciones -producto de retrasos en el procesamiento de la información-, la divulgación de la Encuesta Nacional de Preferencias Electorales (ENPE) quedó programada para el 12 de junio, justo 40 horas después del segundo debate entre los candidatos a la Presidencia.

La presentación de los resultados correría a cargo de Julio Boltvinik. El reconocido pobretólogo que cuestiona la política social de los gobiernos neoliberales hablaría a nombre de los académicos del Observatorio Universitario Electoral, en el que participan investigadores y profesores adscritos a la UNAM, a la UAM y a El Colegio de México.

Estarían, como comentaristas , el expresidente de Alianza Cívica, Sergio Aguayo, la maestra Silvia Gómez-Tagle, John Ackerman, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, y el doctor Edmundo Berumen. Hablarían de una encuesta diferente .

La singularidad del estudio radica -según sus patrocinadores- en que los responsables de su publicación son un grupo académico sin filiación partidaria ni intereses económicos , en contraste con medios que encargan otras encuestas.

Y no sólo, sino en la metodología utilizada. La selección de una muestra de 600 secciones electorales (en contraste con las 100 de las encuestas de los medios), con lo que quedaría captada la diversidad regional de las preferencias . Además, el número de entrevistas -3,036 ciudadanos- en las que no hubo remplazo para las que no se lograron concretar, con lo que se mantuvo el carácter estrictamente probabilístico de ese ejercicio estadístico.

Aunado a la dispersión geográfica y el número de entrevistados, la ENPE se distingue por no haber recalculado los resultados, a partir de la no respuesta, sino que aplicó un filtro para identificar las probabilidades de que los entrevistados voten el 1 de julio.

En suma -de acuerdo con los académicos- se acerca, mucho más que las demás, a la verdaderas preferencias electorales de la ciudadanía nacional (sic) . Hasta allí, los argumentos técnicos, presentados públicamente ayer en una conferencia.

Después, el caos, pues los voceros del Observatorio cantaron un empate técnico entre el priísta, Enrique Peña Nieto, y el perredista Andrés Manuel López Obrador, a quien ubicaron como puntero.

A la par de las descalificaciones, por la parcialidad de los académicos, vino una controversia pública con Berumen, quien refutó los cálculos de sus clientes y presentó los suyos. Un búmeran, pues la delantera de López Obrador anunciada por los académicos y retomada por los estrategas de la campaña del perredista rápidamente tuvo que ser matizada. Al cierre de esta edición, lo más que argumentaban es que su encuesta confirma que la medición del periódico Reforma (en la que Peña Nieto sólo aventaja por cuatro puntos al abanderado izquierdista) no está fuera de rango.

Y aceptaron: un empate técnico quiere decir que se traslapan los intervalos de confianza, por lo que de ninguna manera puede decirse que la elección está decidida.

Un manto de duda rodea a la única medición que ha registrado el rebase de López Obrador a Peña Nieto. Y es que si la casa encuestadora sólo hizo el levantamiento de campo y no intervino ni en la elaboración del cuestionario ni en el procesamiento de la información y menos en la elaboración del modelo -concretándose sólo a la entrega de la base de datos- resulta inexplicable, por no decir sospechoso, que se haya prestado a este ejercicio propagandístico.

Pasó lo inevitable: el prestigio de un demóscopo reconocido en México y en el extranjero, quedó abollado, por haber brindado su apoyo técnico a los integrantes del Observatorio, quienes dejaron de lado datos muy relevantes, entre ellos que la tasa de no respuesta total a su cuestionario fue de 40 por ciento.

Al final, deberá conocerse al responsable final de la información. En estas materias, la Secretaría Ejecutiva del IFE es una mera oficialía de partes, observa, registra y calla.

EFECTOS SECUNDARIOS

¿PACTO? Si no fuera por la polémica desatada por la encuesta que registraba un empate técnico en la carrera presidencial, el escándalo del día habría sido el encuentro del presidente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, con el candidato de Nueva Alianza, Gabriel Quadri de la Torre. La fotografía -producto de la casualidad, ocurrido en el restaurante del hotel Quinta Real de Guadalajara y que tuvo como testigos a la esposa del abanderado panalista, Thelma, y al hijo de ambos, Paulo- fue filtrada al sitio de noticias sinembargo.com, que dirige Jorge Zepeda Patterson, después de que los editores de política de TV Azteca y El Universal rechazaran esa información. Como antes sucedió con audios que involucraban a líderes políticos y precandidatos presidenciales, se valoró el interés periodístico de estas evidencias para impedir su publicación. Lo que de inmediato descartaron fue que estuvieran negociando una declinación.

DAMNIFICADO. Desinflado, por insustancial, está el escándalo de la filtración editada de la exposición de Luis Mandoki, Adolfo Hellmund y Luis Costa Bonino ante empresarios en una cena en casa de Luis Creel. En la casa de campaña de López Obrador ya conocen el contenido íntegro del audio y están seguros de que Hellmund no llegaría a la Secretaría de Energía si López Obrador gana las elecciones. El empresario tamaulipeco literalmente se fue de boca.