El 2019 pinta para ser el año más violento contra las mujeres

Era como si entrara en una especie de trance, desconectaba sus emociones para poder narrar de corrido, sin variación alguna en el tono, como si fuera una máquina programada para repetir sin reconocer comas ni puntos, el momento más trágico en la vida de cualquier ser humano. Los ojos como platos sólo recuperaban forma humana cuando volvía a conectar, entonces lloraba, hablaba más lento, interrumpía sus palabras para llorar, luego respirar, y volver a llorar, mientras caía en cuenta que su hija ya no estaría aquí, no iba a volver nunca, se la arrebató un hombre quien la llevó a un cuarto de hotel para violarla y después asesinarla.

También escuché a otra madre quien contaba desconcertada cómo la policía de investigación adjudicaba la sangre encontrada dentro de la casa a que la víctima estaba en su periodo. “Mi hija no era cochina”, me contaba, mientras seguía tratando de buscar justicia. Su exyerno había quedado en libertad bajo el argumento de que se había tratado de un suicidio. La pareja tenía antecedentes de violencia.

He escuchado varias historias como éstas, mientras, las cifras de feminicidios crecen como la espuma. Si seguimos hablando de víctimas podemos estar seguros de que cada vez vamos a tener más historias que contar. Éste pinta ya para ser el año más violento contra las mujeres. ¿En dónde está el freno? ¿En dónde empieza?

La normalización de la violencia es un factor importante cuando hablamos de feminicidios cometidos dentro de la relación de pareja. ¿En dónde se traza la raya para salir corriendo de una relación? ¿En el primer grito? ¿En el primer insulto? ¿En el primer empujón? ¿En el segundo? Nada justifica la violencia, pero si fuéramos más hábiles para detectarla en sus etapas tempranas, antes de que la autoestima esté tan mermada que seamos incapaces de reconocernos, entonces muchas vidas podrían salvarse. El otro tema que me parece justo investigar es la visión del victimario. ¿Quiénes son ellos? ¿Cómo crecieron? ¿Qué los hace detenerse? ¿Qué los detona? En un afán de tener estas respuestas, fue que pude entrevistar en el Centro de Prevención y Readaptación Social Santiaguito a cuatro hombres: dos procesados y dos sentenciados por feminicidio. Como era obvio, todos se reconocen inocentes, dos de ellos no conocían a las víctimas, los otros dos eran sus parejas.

Sin adentrarnos demasiado en sus historias contaré aquí lo que más me llamó la atención. Uno de los jóvenes dice en su defensa: “A ella la violaron, yo no le haría eso a ninguna mujer, porque tengo mamá, tengo hermana y ahora tengo una hija. Además, ¿por qué violaría a alguien si para eso tengo a mi esposa?”

El otro caso, el hombre, cuya esposa murió por una bala que según su versión se disparó accidentalmente mientras él intentaba arrebatarle la pistola, ya tenía una denuncia por violencia. Platica con más detalle sobre el incidente anterior: “Se cayó sobre ella, se pegó en la cabeza, le sangraba la nariz y ahí fue cuando decidió llamarles a sus padres para que intervinieran”. Suena arrepentido: “Le hice mucho daño a mi hija, fue a ella a quien la dejé sin su mamá”. Si pudieras cambiar algo en tu historia, ¿qué cambiarías?, ¿qué harías diferente?, pregunto. Piensa por un largo rato. “Escuchar mejor, la escucharía mejor”, concluye. Y coincido, eso a todos nos hace falta.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.