Ha terminado el primer mes del año y, aunque las agencias financieras internacionales y las calificadoras han comenzado a revisar a la baja sus pronósticos de crecimiento para nuestra economía, existen elementos suficientes para pensar que México tendrá un mejor desempeño económico en el 2020 que el año pasado. De hecho, la revisión a la baja del crecimiento es generalizada, pues se presume, y con razón, que en general todas las economías del mundo crecerán menos en el 2020 que en el 2019. En este sentido, nuestra economía resentirá la desaceleración global, lo que el año pasado no ocurrió, salvo en el caso de la disminución del precio de las materias primas, por lo que estos próximos meses el factor externo sí impactará negativamente a nuestro país. Sin embargo, nuestra economía tiene fortalezas que se han construido a través de décadas de estabilidad y otras más que impulsó este gobierno que encabeza nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Nuestro mandatario inicia este mes con 71% de popularidad, este índice puede ser muy positivo para nuestra economía, en tanto que le abre el margen suficiente para impulsar los cambios y emprender las acciones necesarias para detonar la economía; por ejemplo, regionalmente, en donde los estados del sur del país requieren de toda la concentración de esfuerzos para ir equilibrando sus niveles de desarrollo con los estados del centro y norte. Ese nivel de aceptación social le permite al presidente llamar a la sociedad para hacer un esfuerzo conjunto por atender a las personas que realmente viven en un proceso de marginación que es ya insostenible, en donde por el sólo hecho de haber nacido en una población, con un color de tez o por su origen, están condenadas a no salir adelante porque la sociedad no les da los espacios para vivir mejor. La popularidad del presidente en un país que requiere y ha decidido llevar a cabo cambios profundos es, en este caso, muy importante para el desempeño económico.

Otro de los elementos que este gobierno le ha dado a nuestra economía y que la fortalece notablemente es su estricta disciplina fiscal. En efecto, a la luz de los anteriores gobiernos que endeudaron irresponsablemente al país, destinando el dinero en gasto corriente que ha llevado a la hacienda pública a niveles muy cercanos a 50% con relación al PIB y lo que es aún más delicado es el nivel de deuda respecto de la recaudación fiscal. Este gobierno ha transcurrido su primer año sin endeudar al país pese a las presiones fiscales que se derivan de la falta de crecimiento y su consecuente disminución en la recaudación, de las pensiones y de las necesidades de gasto. Incluso, es aún más importante su compromiso por mantener el nivel de deuda como se encuentra a lo largo de los cinco años restantes. A estos elementos, nuestro gobierno ha aceptado lo hecho con anterioridad a su llegada como la autonomía plena al Banco de México y al INEGI, así como la importancia de la estabilidad macroeconómica y la vocación del país a la apertura comercial. Estos rubros, anteriores y actuales, hacen una buena mezcla que solidifica a nuestra economía, que requerirá en adelante buscar una mayor certeza en el Estado de derecho, e impulsar el fomento para iniciar su crecimiento.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.