Se trata de la validación o rechazo de una estrategia económica imposibilitada para darnos lo que México necesita: un proceso de desarrollo económico autosostenido...

La 4T lo que quiere es desplazar, relegar y estigmatizar a la iniciativa privada. Exactamente igual que lo hizo el presidente Echeverría en su sexenio.

Las elecciones del próximo domingo serán de gran trascendencia para México. Con agudeza, el politólogo Luis Rubio apuntó en su más reciente columna dominical del diario Reforma: “El presidente ha hecho todo por convertir estas elecciones en un referéndum sobre si mismo. Quiere explotar su popularidad personal”. La aproximación es sin duda sagaz y muy válida. Sin embargo, yo, en mi calidad de economista profesional, desearía destacar otra faceta que creo igualmente importante. Se trata de la validación o rechazo implícitos en estas elecciones, que ya nos alcanzaron, de una estrategia económica imposibilitada para darnos lo que México necesita: un marco de política que le permita al país entrar en un proceso de desarrollo económico autosostenido. La propuesta que apadrina el gobierno de la Cuarta Transformación está condenada a garantizarnos lo que ya nos ha dado: estancamiento y profundización de la pobreza.

Durante su campaña electoral y a principios de su administración, López Obrador proclamó que en materia de política económica deseaba emular al Desarrollo Estabilizador (1954 – 1970). No obstante, en la práctica su enfoque se asemeja mucho más al de los gobiernos de Echeverría (1970 – 1976) y de López Portillo (1976 – 1982). Al gobierno de Echeverría se parece el de AMLO por su postura proestatista y su antipatía por el sector empresarial y la iniciativa privada. Y también evoca al gobierno de López Portillo, por su vocación dirigista antimercado y por el voluntarismo redentor de su líder. No por casualidad, esos dos sexenios terminaron en un desastre económico de grandes proporciones.

México necesita volver a la senda del crecimiento económico autosostenido, pero el enfoque y las políticas de la 4T están reñidas con esa posibilidad. Y en buena medida, la fórmula para llegar al desarrollo autosostenido tiene que ver con el fortalecimiento del sistema democrático. Un sistema basado en la separación de poderes, soberanía de los estados, un Estado de Derecho robusto, la existencia de organismos autónomos fuertes, el respeto a los individuos y a los derechos de propiedad. Por desgracia, precisamente lo opuesto a lo que desea y procuran el presidente López Obrador y sus principales colaboradores. Y la otra hoja de la pinza es una relación de colaboración y complementaridad entre el sector público y el privado. Pero no, la 4T lo que quiere es desplazar, relegar y estigmatizar a la iniciativa privada. Exactamente igual que lo hizo el presidente Echeverría en su sexenio.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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