El próximo 25 de julio habrá elecciones en Pakistán. Más de 100 millones de pakistaníes están convocados a las urnas en las que se juegan 272 escaños de mayoría directa. Todo indica que la Liga Musulmana de Pakistán, un partido de centro derecha fundado en 1988, lleva la delantera. Sus banderas políticas son el liberalismo económico con un toque de conservadurismo nacionalista. Las elecciones se desarrollan en medio de una atmósfera enrarecida por eventos que han ocupado las primeras planas de la prensa internacional; por ejemplo, los Papeles de Panamá, esa investigación periodística que hizo públicos en abril del 2016 más de 11 millones de documentos secretos que detallan la estrategia de evasión fiscal más grande del mundo y que involucra a personas y empresas de más de 70 países.

En los Papeles de Panamá aparecen ocho empresas offshore vinculadas a la familia de Nawaz Sharif, el primer ministro de Pakistán en aquel momento y cuyo mandato terminó en julio del 2017 cuando el tribunal supremo de su país lo descalificó como primer ministro por deshonesto.

Hoy un año después, la Liga Musulmana de Pakistán, el partido de Nawaz Sharif, está cerca de ganar las elecciones parlamentarias.

En medio de las tensiones electorales, se da el regreso desde Londres (donde su esposa recibe un tratamiento contra el cáncer) de Nawaz Sharif para enfrentar una condena de 10 años por corrupción. Al tocar tierra pakistaní el viernes pasado, él y su hija Maryam —condenada a siete años de prisión— fueron arrestados en medio de un fuerte operativo. Esto provocó el enojo de sectores políticos de centro derecha y de grupos islamistas radicales. La violencia electoral no se hizo esperar.

El pasado 10 de julio un hombre perpetró un atentado suicida durante un acto de campaña del Partido Balochista Awami (BAP) asesinando al menos a 150 personas e hiriendo a 186. La explosión fue reivindicada por el Estado Islámico (Daesh); entre los que perdieron la vida está Siraj Raisani, líder del BAP y candidato en estas elecciones parlamentarias. Nawaz Sharif y su hija son los primeros políticos pakistaníes de alto rango en recibir una condena según las leyes de anticorrupción de aquel país.

El escenario político se recrudece con la prohibición gubernamental de protestas y el bloqueo militar de carreteras para evitar que los seguidores de Nawaz se acerquen al aeropuerto y perpetren un nuevo atentado. El regreso del ex primer ministro Nawaz Sharif supone un impulso electoral para la Liga Musulmana de Pakistán.

Nawaz posee un perfil contradictorio. Es un político moderno, duro defensor del gobierno civil frente a la manipulación militar (se habla incluso de un golpe militar suave) y representa a la vez a la élite más conservadora del país.

El partido que logre 137 diputados en las elecciones del próximo 25 de julio formará gobierno para los próximos cinco años. De ganar la Liga Musulmana de Pakistán, cualquiera de los hermanos Sharif, Nawaz o Shahbaz, podría ser nombrado primer ministro. Lo que está en juego en estas elecciones es precisamente la viabilidad del sistema anticorrupción pakistaní.